¿Me quiero mucho, poquito o nada? ¿Y si nos tiramos flores más seguido? ¿Cuándo fue la última vez que te regalaste un abrazo?
enero 21, 2019
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Si fuéramos con nosotros la mitad de encantadores que somos con los demás, vaya amor que nos demostraríamos

En este posti reflexionamos sobre el amor hacia uno mismo, sobre los diálogos interiores, sobre las creencias erróneas que albergamos acerca de quiénes somos, y sobre la manera en la que todo esto nos puede ayudar a lograr nuestros sueños o no. Temazo no?

Cuando hablamos de amor hacia uno mismo, estamos hablando de autoestima, es decir del valor que nosotros nos concedemos como seres únicos, por el solo hecho de ser portadores de nuestra maravillosa vida. Podemos pensar a la autoestima como a ese valor con el que nos cotizamos a nosotros mismos por ser quienes somos.
Cuando hablo de “maravillosa vida” no me refiero ni a un lecho de rosas ni a un cuento de hadas, sino a una vida con luces y sombras, en donde algunos momentos serán demasiado oscuros, otros grises, pero siempre surgirán los destellos de luz para iluminar nuevamente el camino.
Esa estima que nos tenemos, ese sentimiento de valía que nos atribuimos por ser como somos va a condicionar tanto la manera en la que nos vamos a tratar, como la manera en la que vamos a permitir o no que los demás nos traten.

Trabajando sobre el concepto de autoestima, no podemos dejar de mencionar a Virginia Satir notable psicoterapeuta y trabajadora social estadounidense (1916/1988) “…debajo de todas las capas defensivas que construimos para protegernos, para proteger nuestra dignidad, nuestros títulos, nuestros grados, nuestro estatus y nuestra necesidad de que nos vean de tal o cual manera, por debajo de todo eso sigue estando, autentico y esencial lo que somos”. Virginia Satir.

¿Cómo se va formando ese sentimiento de valía personal? Se va forjando desde que nacemos en base a como nuestros primeros cuidadores, generalmente los padres o personas que desempeñan la función de los mismos, se relacionan con nosotros. Es en estos primeros vínculos como aprendemos a sentirnos queridos, cuidados, considerados, arropados, importantes para otro, que amorosamente interpreta nuestras primeras necesidades, que le da un significado a nuestros comportamientos. El famoso: “El bebe llora porque tiene hambre, frio, cólicos, etc.”

A lo largo de la vida, educadores, amigos, colegas, etc. también harán su trabajo e irán ayudando a darle forma a la opinión que ya fuimos construyendo de nosotros mismos. El concepto de autoestima es maleable, por lo tanto factible de modificarse. Lo cual es muy importante porque en los casos de abandono, negligencia, o maltrato infantil en los que podemos ver los moretones y las graves fracturas que sufre la autoestima, también podemos observar con muchísima gratificación como con el trabajo personal y la ayuda de vínculos sanos y seguros se puede reparar gran parte del daño emocional que lo vivido ha dejado.
Por más dura y difícil que haya sido la infancia de alguien, esta experiencia no determina una vida sumida en el dolor.
Como podemos ver la opinión que tenemos de nosotros mismos se fue formando desde nuestro nacimiento, y mucho antes también, y como no es algo estático se puede trabajar y modificar. Claro que el trabajo será un poco más difícil que el necesitado para moldear la arcilla, pero es un trabajo muy agradecido igualmente.

¿Cuáles son las consecuencias de tener una opinión negativa o regular de uno mismo?

Tal vez, la pregunta te parezca un poco tonta por la obviedad con la que podemos adelantar una respuesta. Sin embargo, muchas veces quienes se evalúan a sí mismos negativamente no suelen ser muy conscientes de lo poco que se cotizan a sí mismos.

Esto los puede llevar a elegir relacionarse con gente que los valora de igual manera, que les brinda un trato acorde a la cotización de mercado que ellos se han dado y entonces transitan la vida relacionándose con personas que no los valoran, haciendo trabajos en los que se sienten usados, sometiéndose a malos tratos, etc. y no logran darse cuenta de lo que pueden estar haciendo para encontrarse siempre en los mismos “lugares”.

Vamos a un ejemplo, pensemos en alguien que tiene ganas de estar en pareja y siempre se termina enredando con candidatos que son un “desastre”, y lo que es más grave aún es que termina o aguantando y soportando situaciones de malos tratos, o es siempre el “abandonado”. La mayoría de las veces detrás de estas elecciones encontramos grandes fracturas en la autoestima. Y es justamente esta devaluación personal la que conduce a alguien a emparejarse con otra persona para que le confirme lo que cree, “tu no vales”, “eres desechable”.
Ante un candidato “no desastre” surge muchas veces el temor a que se vaya corriendo una vez que la/o conozca profundamente y se dé cuenta de lo poco que vale.
Como podemos ver la imagen devaluada que alguien tiene de sí mismo se acompaña de creencias disfuncionales que confirman dicha imagen. Alguien que no se tiene estima, tiene más chances de sentirse a gusto con alguien que también lo vea de manera devaluada.
Alguien que se ve feo, poco inteligente y torpe, al encontrarse con alguien que lo considere listo, puede pensar que esta persona al conocerlo más profundamente va a cambiar de parecer, anticipando de esta manera un futuro abandono, no muestra interés y cuando el otro desiste, confirma lo que creía. Soy feo y poco listo.


A la hora de emprender un proyecto, de ir tras un sueño, las cosas no son muy diferentes, las creencias juegan un papel preponderante.

Recuerdo cuando hace muchos años atrás alguien que me había consultado, me contaba que se encontraba haciendo la fila entre muchísimos postulantes a un puesto de trabajo, y que con mucha ansiedad y pesar, decidió irse porque pensó: “Cualquiera de los que están aquí es mejor que yo, no tengo posibilidades”.
A modo de observación les comento que esta persona estaba totalmente calificada para aquel puesto, era agradable, etc. Lamentablemente no se veía así y esta situación se repetía una y otra vez, especialmente en aquellas situaciones donde se sentía evaluada por terceros.

Esto nos muestra claramente como la forma en la que nosotros nos vemos a nosotros mismos, a veces no coincide con la imagen que los demás tienen de nosotros y viceversa. Y es justamente desde esa opinión, imagen y consideración que tenemos acerca de nuestro ser, desde donde vamos a hacer nuestras elecciones en la vida y desde donde vamos a decidir persistir tras la búsqueda de un sueño o no.
Si alguien no puede apreciar que tipos de comportamientos y creencias están manteniendo la conducta problema, difícilmente pueda cambiarla y lo más plausible es seguir haciendo más de lo mismo.

¿Cuándo fue la última vez que te sorprendiste a ti mismo, frente al espejo, mirándote con amor?

En general tendemos a ser bastante auto críticos con nosotros mismos. Si, tristemente solemos darnos con un caño y descalificar lo que no nos gusta de nosotros. La pregunta es: ¿Con respecto a qué y a quien no nos gusta lo que vemos de nosotros?, ¿Con quién nos comparamos? ¿A qué ideal queremos ajustarnos? Y aquí, es donde aquella primera mirada de amor de quien nos cuidaba juega un papel principal. Tengo una buena noticia. ¿Saben cuál es? Aun en aquellos casos en donde falto una mirada portadora de amor y seguridad, siempre podemos aprender a mirarnos amorosamente, a abrazarnos con la mirada, y a hacer una evaluación positiva de lo que nos devuelve el espejo.

Los diálogos interiores son una herramienta valiosísima a la hora de asistirnos interiormente.

Norberto Levy en su libro: “Diálogos interiores” desarrolla pormenorizadamente este concepto.

Los diálogos interiores son conversaciones que mantenemos con nosotros mismos. El tema es que somos apenas conscientes de estos diálogos continuos que entablamos entre distintas funciones mentales.

A diferencia de las conversaciones que entablamos con otras personas, los diálogos interiores se llevan a cabo entre diferentes funciones mentales que no tienen una entidad física. Los protagonistas de dichos diálogos interiores son: La parte “realizadora”, quien lleva a cabo la acción, la parte “evaluadora”, quien opina sobre la acción llevada a cabo y la “intención de cambio”, quien quiere transformar lo que le desagrada.

Veamos un ejemplo: Imaginemos a alguien que se preparó mucho para un examen y al momento de hacerlo se sintió ansioso y no pudo demostrar todo lo que sabía. No suspendió, pero el resultado estuvo por debajo del esperado.

¿Cuál sería la respuesta de un evaluador inmaduro? Un evaluador inmaduro diría algo como: “Eres un idiota que solo sabe fracasar. Con todo lo que has estudiado y te bloqueas. No sirves para estudiar”.
Ante esta evaluación negativa, como se podrá sentir el “realizador”, es decir la persona que hiso el examen.

¿Cuál sería la respuesta de un evaluador maduro? Un evaluador maduro diría algo como: Te has preparado mucho y has aprobado el examen. Muy bien!!. Si bien no alcanzo para obtener la calificación que deseabas, la próxima vez lo puedes lograr. ¿Cómo podría ayudarte para
que en el próximo examen te sientas más tranquilo? ¿Cómo se sentirá el realizador ante esta respuesta por parte del “evaluador”.

¿Cómo sueles evaluarte a ti mismo? La manera en la que se desarrollan estos diálogos interiores va a determinar nuestro sufrimiento emocional o la sanación del mismo.

¿Cómo te evaluaste la última vez que hiciste aquello que era tan importante para ti?

Hasta el próximo posti y recuerda la importancia de entrenarte para evaluarte a ti mismo de forma madura.

Puedes visitar mi canal de YouTube Betina Speroni.

Podcast Betina Speroni Psicología en:

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