Dos no pelean si uno no quiere. A veces, poner distancia es la única opción
enero 7, 2019
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En este posti reflexionamos sobre la importancia de no quedar fijados en aquellas relaciones conflictivas, como muestra de madurez emocional y amor hacia uno mismo.

Lograr salir de relaciones y lugares que nos generan sufrimiento es vital para preservar nuestra salud física y mental.

La idea de este posti es transmitir el mensaje de que bajo ningún concepto se puede admitir el maltrato, es decir: “Al maltrato tolerancia cero”, que el único amor incondicional, junto al de padres a hijos, es el amor hacia uno mismo, y que muchas veces tomar distancia de personas y relaciones conflictivas, aquellas que generan malestar emocional, es una muestra de amor propio.

Es importante señalar que por relaciones conflictivas no hacemos referencia a los desencuentros, malentendidos, discusiones, roces, que forman parte de cualquier tipo de relación y que son esperables y mejorables, siempre y cuando las partes involucradas trabajen para ello. En este posti reflexionamos sobre aquellos vínculos en donde el malestar es crónico, esta instaurado en la relación, es de larga data, donde una de las partes afectadas (generalmente una más que otra) está agotada física y mentalmente, o camino a estarlo, y después de haber intentado miles de soluciones nada parece funcionar.
Seguramente en más de una ocasión escuchaste hablar sobre la necesidad de salir de las relaciones que nos hacen sufrir. La idea de este posti es reflexionar sobre las emociones y las trabas personales que hacen que la terminación de estas relaciones, muchas veces sea una utopía.

¿Qué entendemos por poner distancia de personas, relaciones o lugares que nos dañan emocionalmente?

Al poner distancia sea emocional, física o ambas no seguimos igual de implicados en esos vínculos nocivos. Tarea nada fácil por cierto y más aún cuando hablamos de relaciones familiares.

¿Por qué para algunas personas es tarea difícil alejarse o terminar con estas relaciones que producen un dolor emocional y lastiman?

La respuesta como siempre está en la historia, en la personalidad, los recursos, etc. de cada persona, pero además influye nuestro medio ambiente. Somos seres sociales, formamos parte de diferentes sistemas, interactuamos con otras personas y a veces se hace muy difícil “no escuchar”, o no comportarnos de acuerdo a lo que los demás esperan de nosotros. Y entonces seguimos para no defraudar a otros, para no parecer egoístas, para ajustarnos al concepto que otros tienen de lo que es ser un “buen hijo”, “buena madre”, etc.

Cuando la persona que nos daña es un amigo, por ejemplo, con dejar de relacionarnos con el mismo ya estamos protegiendo nuestra salud mental. La desvinculación será más o menos difícil pero sabemos por donde pasa la solución. Las cosas cambian cuando el dolor emocional es ocasionado por un familiar, ya sea un padre, una madre, un hermano, etc. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Es igual poner distancia de un amigo que de un padre? ¿La respuesta y comprensión del afuera es la misma?
Evidentemente no es igual poner distancia de un amigo que de una madre. Aunque ambas sean sumamente dolorosas y muy difíciles de llevar a cabo y de transitar, en las relaciones familiares y principalmente en aquellas con un lazo de consanguinidad, al significado personal que la relación tiene para nosotros hay que agregarle el significado social y cultural. Sobre todo en nuestra cultura occidental donde la familia posee un valor del orden casi de lo sagrado.


¿Cómo poner distancia de un miembro de nuestra familia cuando nos enseñaron, aprendimos y se espera que estemos siempre juntos y unidos pase lo que pase?
Es entonces cuando conceptos como tolerancia, aceptación, aguante, paciencia y comprensión pueden llevar a alguien a quedar fijado en un vínculo abusivo y dañino, sin ni siquiera barajar la posibilidad de salirse del mismo, porque la misma es interpretada como un “delito” del orden de lo moral, como un acto de egoísmo cruel que la misma persona condena.

¿Cómo voy a poner distancia de mi padre: “es mi padre”; o es el padre de mis hijos, o es mi hermano, etc.?

Frente a estos cuestionamientos y cuando la culpa nos inunda es importante recordar que estamos reflexionando sobre aquellos vínculos donde la función de padre, madre, hermano, no es desarrollada por quien debería, ya que por diferentes causantes sea este un trastorno de la personalidad, conductas adictivas a distintas sustancias como alcohol o drogas, en casos de psicopatía, alguien puede no solo sufrir sino ser fuente de sufrimiento para otros.
Si bien no podemos generalizar porque cada historia de vida, familia, relación y persona son únicas, hay un común denominador que es el sufrimiento psíquico, y este debería ser la señal a partir de la cual replantearse un cambio y la posibilidad de poner distancia.

Estamos abordando un tema muy complejo y sensible. No estamos avalando el “escaparse” de una relación solo porque alguien tiene una enfermedad como puede ser un trastorno de personalidad o una adicción. Muchas veces tomar distancia tiene que ver con resguardarse, aunque sea temporariamente, con tomar aire, oxigenarse, para poder ver la situación desde otra perspectiva y en mejores condiciones mentales. Con el único fin de no caer en un agotamiento físico y mental. Evitando que el otro nos traslade su problemática. Porque cuando eso sucede no solo me hundo sino que ya no puedo ayudar al otro a que no se hunda.

¿Cuáles son las consecuencias de no poner límites?

Como el establecimiento del límite es una forma de decir: “Hasta aquí”. La falta del mismo es un permiso tácito para que la otra persona cruce la frontera a partir de la cual nace mi sufrimiento.

¿Alcanza o es suficiente con ponerle un límite al otro para que no avance más allá de donde yo no quiero, o deje de comportarse conmigo de una manera que yo no quiero porque me daña?

A veces es suficiente y a veces no. ¿Qué hacer cuando no es suficiente?

En este caso puedo preguntarme cuán importante es esta relación para mí y hasta donde estoy dispuesto a esforzarme para salvarla sin dejar que me dañe emocionalmente. Preguntarme cual es el precio que estoy pagando por formar parte de la misma, evaluar el grado de sufrimiento que me produce el permanecer en la misma, etc. Y a partir de las respuestas que vaya encontrando empezar a definir que sería lo mejor para mí.
Muchas veces lo más sano es poner distancia física y emocional. Llegando en algunos casos a ser necesario el contacto cero. En casos de psicopatía, esto último es un hecho.
Hay que recordar que es imposible formar parte de una relación donde hay malos tratos sin sufrir, sin pagar un alto precio. Cuando hablamos de malos tratos hacemos referencia tanto a un golpe físico como a un comentario o una expresión agraviante hacia el otro, aquellas que dejan cicatrices en el alma y muchas veces tardan más en sanar, si es que lo logran, que el golpe físico. El costo lo pagamos con nuestra salud tanto física como mental. ¿Demasiado alto no es cierto?

En nuestros días es bastante frecuente escuchar hablar de autoestima, de valía personal, de la importancia de quererse a sí mismo, y este amor a uno mismo que en mayor o en menor medida pregonamos como necesario para vivir de forma plena y feliz, pero que frente a determinados vínculos parecemos no defender. ¿Qué quiero decir?

Cualquiera sea el tipo de vínculo que me una a otra persona debe estar teñido de consideración, respeto mutuo, empatía y asertividad. Nada justifica elmaltrato ni físico, ni verbal ni psicológico. Es importante recalcar que bajo ningún tipo de relación se debe permitir una conducta abusiva, porque muchas veces parece esconderse un permiso un tanto tácito de conductas violentas u ofensivas en los vínculos familiares. Y bueno…pero es mi tía, mi abuelo, mi cuñado, mi hermano. Y lo tengo que seguir viendo, y no puedo causarle un daño a mi familia, y no será para tanto.

Y lo cierto es que los lazos sanguíneos no habilitan a nadie a maltratar de otro. No importa que tan cercana sea una persona en términos de consanguineidad. Mi libertad termina donde empieza la libertad del otro.
El aguantar, el permitir, el tolerar y el justificar malos tratos no tiene que ver con ser personas buenas, nobles y altruistas sino con carecer de suficiente amor hacia uno mismo. ¿Por qué? Porque alguien que se quiere lo suficiente, sin caer en la adoración narcisista por supuesto, que se sabe respetable, valioso y que no ha perdido su dignidad, tiene menos posibilidades de relacionarse con alguien que no le propicie un trato con estas características, y salga corriendo.
Alguna vez me topé con una reflexión que dice: “Si no sabes te enseño, sino puedes te ayudo, pero si no quieres no hay nada que yo pueda hacer por ti.”

Si alguien por su forma de ser, por su personalidad, por su historia, por su marcada inestabilidad emocional, tiene dificultad para relacionarse con las demás personas, el otro puede entenderlo, darle el tiempo que necesite para aprender y desarrollar nuevas habilidades relacionales, no juzgarle ni exigirle más allá de lo que pueda dar. Lo que nadie debería hacer es permitir que alguien lo mal trate, independientemente de lo que lleve a alguien a hacerlo. Porque cuando permito que el otro me trate irrespetuosa y violentamente, el primero que se maltrata a si mismo soy yo.

En cuanto a las relaciones, del tipo que sean, familiares, de pareja, de amistad, no se trata de salir corriendo de buenas a primera ante la primera discusión.

Si la relación es importante para nosotros esta bueno intentar todo lo que esté a nuestro alcance para que dicha relación salga adelante, pero si no se ven buenos resultados y por mucho que lo intentemos nada parece cambiar, el otro sigue igual y nosotros empezamos a sufrir y nuestra calidad de vida emocional a mermar, definitivamente hay algo que esta haciendo que esa relación no se pueda seguir sosteniendo.

En estos casos hay que poner distancia. Aunque sea difícil, aunque no contemos con la aprobación de algunas personas (generalmente de quienes tienen una idea parcial del asunto), aunque nos visite la culpa, aunque una parte de nosotros nos inste a seguir aguantando un poco más. A pesar de todo esto, pon distancia. Demuéstrate a ti mismo que te quieres.

Hasta el próximo posti y recuerda que ser feliz es una obligación.

Puedes visitar mi canal de YouTube Betina Speroni.

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