“Las psicotrampas que mantienen el miedo al volante”
En este posti reflexionamos sobre un miedo muy común, muchas veces silenciado y del que no sobra información, como es el miedo a conducir, también llamado amaxofobia.
Desde hace unos años la amaxofobia ha despertado mi interés y no dejo de estudiar, formarme e investigar sobre la misma. Lo plasmado en estas líneas se sustenta en las intervenciones que muestran su eficacia a la hora de recobrar la libertad y el disfrute de conducir un coche, y te aseguro que esta libertad se derrama inevitablemente hacia otras vertientes de la vida. ¿Merece la pena el proceso, verdad?. Vamos al lío.
El miedo al volante persiste debido a lo que la persona hace para intentar resolverlo. Estas acciones suelen ser las siguientes.
La evitación: Cada vez que evitas coger el coche o delegas la conducción, le confirmas a tu cerebro la creencia de “no soy capaz” o “conducir es peligroso”, lo que incrementa el miedo para la siguiente ocasión.
Pedido de ayuda o acompañamiento: Conducir solo si alguien te acompaña funciona como una muleta psicológica. A corto plazo alivia la ansiedad, pero a largo plazo refuerza la incapacidad en ti mismo.
Hablar del problema con otras personas, o darle vueltas al mismo una y otra vez: Hablar constantemente del miedo a conducir actúa como un “fertilizante” emocional, manteniendo la amenaza presente en el pensamiento y magnificándola.
Intento de control consciente: Querer controlar de manera racional las manifestaciones fisiológicas de la ansiedad (frecuencia cardíaca, sudoración) o hipervigilar cada maniobra rompe la fluidez del acto de conducir, generando un bloqueo por exceso de control.
¿Cuáles son las reglas de oro para regular la amaxofobia?. Bloquear las mencionadas soluciones intentadas.
Suspender la evitación, las solicitudes de acompañamiento en trayectos cortos y las conversaciones sobre el miedo.
La idea es transformar el miedo mediante la acción. De esta manera se va progresivamente modificando la relación con el miedo. No podemos quitarnos, ni arrancarnos el miedo, pero sí podemos aprender a relacionarnos con el mismo de manera distinta.
La experiencia en el trabajo de estos casos me muestra una y otra vez, que el pánico no se desactiva razonando, sino mediante experiencias directas que modifiquen la percepción de incapacidad.
A modo genérico te comparto una de las técnicas que se usan en el proceso, sin olvidarnos que el protocolo de intervención se diseña como un traje a medida para cada persona.
La técnica de la peor fantasía ayuda a mirar el miedo a la cara: Consiste en reservar un espacio de tiempo al día, por ejemplo, 15 minutos en un entorno seguro y tranquilo, para forzarse a pensar de forma deliberada en todos los miedos y escenarios catastróficos vinculados a la conducción.
Esto satura el mecanismo del miedo y recupera el control sobre la respuesta fisiológica.
Si bien la constancia, el esfuerzo y la paciencia son cruciales en el proceso, la exposición o afrontamiento a la conducción no se plantea mediante un sobreesfuerzo drástico o agotador, sino a través de microexperiencias de éxito.
Por eso los trayectos cortos y controlados son infinitamente superiores a los trayectos largos en los cuales la activación de la ansiedad a niveles muy elevados se mantiene de forma prolongada necesitando que pares, confirmando la creencia de no ser capaz.
El esfuerzo y la exposición deben ser dosificados. Exponerse mediante pequeñas tareas progresivas y dependiendo de cada caso, por ejemplo, sentarse en el coche parado, luego hacer una ruta de 5 minutos en una zona tranquila. Si el ejercicio genera colapso, se convierte en un experiencia desagradable que alimenta la evitación.
Hay que evitar la saturación mental, la fatiga por exceso de información, reduce los recursos cognitivos y eleva los niveles de cortisol, dejando al cerebro indefenso ante pensamientos intrusivos de pánico.
Los “Recreos”, pausas, aquellos espacios donde la persona se desconecta por completo del objetivo de conducir, no son un acto de resignación, sino un recurso táctico para permitir la consolidación neurológica de la experiencia positiva previa y restaurar el sistema nervioso.
La amaxofobia se regula, y si bien esto no sucede de la noche a la mañana, la buena noticia es que con ganas, paciencia, esfuerzo, a tu ritmo, sin compararte con nadie, excepto contigo mismo, y con las herramientas y el acompañamiento necesario es absolutamente viable y posible conquistar la libertad al conducir.
Hasta el próximo posti y recuerda que, “El verdadero destino de este viaje no es el lugar al que conduces, sino la versión de ti que se baja del coche al llegar.”
Betina Speroni YouTube.
IG @betinapsicólogadonostia


