¿Qué esperar al separarte de un psicópata?
02/08/2026
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“El complementario y el psicópata. La tormenta tras el adiós”

Lo expuesto en este posti sigue los lineamientos teóricos del doctor, y médico psiquiatra Hugo Marietán.

La separación de un psicópata es muy distinta a la separación de una persona común. Si bien el psicópata morfológicamente es idéntico a cualquier ser humano, su estructuración psíquica es distinta. Su anatomía imita a la del resto de los mortales, mientras que su psiquismo opera bajo sus propios códigos internos, que no están consensuados socialmente.

El psicópata sabe lo que está bien y lo que está mal, pero hace lo que le conviene a él. Opera bajo el lema, “El fin justifica los medios”. Si el psicópata no es una persona común, si es un distinto psíquico, la separación con uno de estos seres también es diferente, y por consiguiente, no podemos esperar que se comporte como lo haría una persona común, más allá de las diferencias que hay entre las personas.

Es importante tener presente que así como el psicópata tiene necesidades distintas, especiales, a las de la población general, no todos los psicópatas tienen la necesidad especial de matar. Puntualizar esto es crucial para evitar caer en el error de creer que los psicópatas son solo los asesinos seriales, descuartizadores, y desalmados que vemos en los medios de comunicación, y en diferentes series y documentales.

Esta creencia de alguna manera es tranquilizadora, porque falsamente nos dice, “el psicópata está muy lejos de nosotros, es muy raro topar con uno”.

En el caso del psicópata cotidiano nos referimos a seres que sin llegar a matar a nadie pueden tornar la vida de quienes conviven o son sus allegados en un verdadero infierno.   Divorciarse de un psicópata

Si seguimos creyendo que el psicópata es uno entre un millón, que solo hace maldades, y a quien le falta tener un cartelito que diga, “Soy peligroso”, no lo vamos a detectar, o lo vamos a hacer cuando ya sea demasiado tarde y los daños aún más profundos.

Tampoco se trata de ir por la vida en un estado de hipervigilancia detectando psicópatas. La idea es tener presente el concepto de “ser atípico” saber que se calcula que un tres por ciento de la sociedad pertenece a esta categoría, y que si los multiplicamos por la cantidad de habitantes son bastantes.

Volviendo al tema de la separación de un psicópata, si bien puede parecer una obviedad, el primer paso es que la persona que está en pareja con este ser atípico, se de cuenta que no  está con una persona común, y esto muchas veces no es fácil. ¿Por qué?. Porque ninguna persona se enamora de un psicópata.

Las personas comunes se enamoran de personas, y solo quienes tienen presente el concepto de psicopatía van a ser capaces de sospechar de estar con un ser distinto, y de esta manera empezar a observar su accionar, y despegarse del discurso y las palabras del psicópata.

Que por cierto es extremadamente hábil con las mismas. Observar su falta de sensibilidad, la descalificación y la humillación constante y sutil, su crueldad, las mentiras sistemáticas, el control constante, que al inicio de la relación puede confundirse con interés.

Para cuando el complementario, persona que puede estar en pareja con un psicópata y desarrollar tolerancia a la tensión que genera el mismo, quiere salir de esa relación, el psicópata ya ha hecho un trabajo sobre la psiquis del complementario, por eso la desvinculación no es fácil.La separación con un psicópata es desgarradora

La ruptura siempre es difícil, y desgarradora, porque el complementario ha trabajado para que esa relación funcione, y ha perdido gran parte de su libertad al servicio de la misma.

El querer separarse del psicópata, llega de la mano del hartazgo, cuando el cansancio y el desgaste son mayores al beneficio de estar con alguien así.

Beneficio en su mayoría inconsciente, y que muchas veces, ni el mismo complementario puede explicar. En algunos casos, el beneficio puede relacionarse con lo económico, o lo sexual, aunque no siempre. Y aún así, el anclaje del complementario con el psicópata obedece a algo más primitivo, emocional, e inconsciente.

El psicópata es un ser de poder, y como tal es un experto en controlar la mente del otro, llegando a doblegar su voluntad y consiguiendo la sumisión de su pareja.

La diferencia entre un divorcio con una persona común y con un psicópata es abismal.

En una pareja común, la separación transita por un duelo. Ambas partes, con mayor o menor dolor, experimentan tristeza, culpa, enojo y, finalmente, aceptación. Existe una negociación donde se reconoce al otro como un igual.

La relación con un psicópata es asimétrica, no es entre dos iguales. Es una relación entre un ser ególatra, que solo se ama a sí mismo, y se cree superior, con una persona, el complementario, quien a diferencia del psicópata, sí, considera que está con otra persona.

¿Cómo separarse de un psicópata?

El psicópata no realiza duelos porque no tiene la capacidad de amar. Para él, el complementario no es un sujeto, sino un objeto de su pertenencia. Por ende, la separación no se vive como una pérdida afectiva, sino como un despojo de su propiedad o una pérdida de control.

Si el psicópata decide irse, descarta al complementario, lo hace de forma abrupta y sin anestesia emocional.

Si el complementario intenta irse, él activará campañas de difamación, manipulación, castigos económicos o triangulaciones para recuperar el control o destruir su estabilidad.

¿Por qué la ruptura es desgarradora para el complementario?. El complementario se debate entre una parte “lógica” y otra parte “esclava”. El psicópata penetra en la mente del complementario  “como un virus”, y es como si esto fragmentara su psiquis en dos partes que luchan entre sí: La parte lógica, que sabe perfectamente que la relación es destructiva, que hay desprecio, mentiras y que debe irse.

Y la parte esclava, que hace que el complementario se encuentre anclado emocionalmente. Esta parte sabotea constantemente los intentos de escape debido a la tolerancia al circuito psicopático y a la ilusión de que en algún momento será tratado, visto y considerado como una persona. Algo que por definición nunca sucederá.

“Con él estoy mal, pero sin él estoy peor.” 

El “peor” representa el vacío absoluto, el aburrimiento, el no saber qué hacer con su libertad, ya que la misma le había sido robada por el psicópata, y vivía por y para él. Lejos de la altísima intensidad y adrenalina que el psicópata inyectaba en su vida, todo sabe gris.

Separarse de un psicópata es diferente a separarse de una persona común

Al lado del psicópata hay drama, pero fuera de él, las personas comunes le resultan insulsas o aburridas.

¿Cómo abordar la ruptura cuando hay hijos menores?

Este es el escenario más complejo. Cuando hay hijos de por medio, el contacto cero absoluto físico y de comunicación, se complica. El abordaje requiere un cambio de paradigma, desmitificar la figura del “Padre”.

El complementario suele retrasar la ruptura pensando en el “bienestar familiar” o intentando que el psicópata actúe como un padre normal. El psicópata no ama a sus hijos.

Los hijos son utilizados como herramientas de manipulación para seguir ejerciendo poder sobre el complementario. No hay que esperar empatía, responsabilidad real o cuidado genuino de su parte. Aceptar esto, aunque doloroso, es el primer paso para que el complementaria deje de intentar “coparentar”. Lo cual es misión imposible.

Dado que el complementario tendrá que interactuar por temas de tenencia, alimentos o visitas, se debe implementar una barrera emocional, lo más impenetrable posible.

El psicópata debe ser tratado como un trámite molesto de oficina, un vecino indeseable o un objeto, acompañando esto de cero reacción emocional, debido a que el psicópata se alimenta de las respuestas emocionales del complementario: llanto, gritos, explicaciones, súplicas. Si se le muestra indiferencia absoluta ante sus provocaciones, buscará otra fuente de estimulación.

Psicópata y divorcio

La comunicación debe ser por escrito, o terciarizada. No se atienden llamadas telefónicas improvisadas ni se permiten conversaciones personales en el momento de la entrega de los niños.

Lamentablemente los juzgados de familia suelen ser “ciegos” ante la psicopatía. El psicópata se presentará ante jueces y trabajadores sociales como un hombre encantador, maduro, víctima de una “madre despechada o loca”.

Es importante hablar con pruebas,  en lugar de usar adjetivos, “es manipulador”, presenta datos fríos, capturas de pantalla, fechas, incumplimientos de cuota alimentaria o de horarios. Deja que sus propias acciones por escrito lo expongan.

La mejor manera de proteger a los menores es asegurar que la casa de la madre sea un refugio de paz, lógica y coherencia. No hables mal de él de forma descontrolada frente a los niños, ya eso te hace ver conflictiva ante la ley, pero sí invalida sutilmente las conductas atípicas que ellos perciban, ayudándoles a desarrollar su propio criterio de la realidad sin que queden atrapados en la manipulación del psicópata.