“¿Aceptar o no que la novia de mi hijo se quede a dormir?”
Tenías un bebé y cuando menos te lo imaginas te pregunta si su novio se puede quedar a dormir. Es completamente normal quedarse en shock. De pronto, ya no tienes un bebé, tienes un hijo adolescente que te mira a los ojos y te plantea una realidad de adultos.
Lo planteado en estas líneas es solo a modo orientativo, con la idea de que puedas reflexionar, hacerte preguntas, y ver la situación desde otra perspectiva. De ninguna manera es una “receta” que hay que seguir. Si bien es una obviedad, pero cada familia es única y particular. Lo que puede servirle a una, puede no hacerlo con otra. Vamos al lío.
Si tu hijo adolescente te pregunta si se puede quedar a dormir su novia, no es raro que dudes entre contestarle en el momento o tomarte un tiempo para pensar. Desde un enfoque estratégico no haríamos ni lo uno ni lo otro.
En principio, la idea es no “sermonear”, ni buscar respuestas en nuestra propia adolescencia, a menos que sea para recordar cómo nos sentíamos, y qué cosas nos importaban. Nuestra adolescencia no sirve de mapa para el territorio actual. En su lugar, podemos utilizar el diálogo estratégico.
Aquí te muestro una posible manera de hablar con tu hijo. Repito, esto no es un manual de instrucciones, no estamos hechos en serie, es solo a modo orientativo.
El primer paso, es intentar evitar las respuestas automáticas. Solemos recurrir a las mismas para salir del shock.
Cuando tu hijo te lanza la bomba, la peor respuesta es el “no” rotundo e inmediato impulsado por el pánico, o el “sí” culposo para parecer un padre “moderno”. Ambas son soluciones intentadas que suelen complicar el problema.
Es difícil, pero procura mantener la calma y no decidas en ese momento, pero tampoco pidas “tiempo para pensar” de forma que parezca que vas a deliberar en un tribunal secreto con tu pareja. En su lugar, devuelve la pelota con una pregunta.
El diálogo estratégico, apunta a cambiar el sermón por la pregunta. La idea es “guiar al otro a que descubra la respuesta”. En lugar de dar un discurso sobre la moral, la responsabilidad o los anticonceptivos, se utilizan las preguntas con ilusión de alternativa, y preguntas que evocan sensaciones.
Se pueden plantear preguntas encadenadas, con tono curioso, no inquisitivo.
¿Qué significa para ti que se quede a dormir? ¿Es un espacio de intimidad que ya sienten que necesitan, o es solo por comodidad para no viajar de noche?
Si se queda a dormir aquí, en tu habitación cerca de la de tus padres, ¿crees que realmente estarían cómodos y relajados, o se sentirían un poco vigilados y cohibidos?
El objetivo estratégico, es hacer que el adolescente piense en las consecuencias y la logística real, no solo en el deseo idílico. Muchas veces, al visualizar a los padres desayunando todos juntos, y en pijama, el propio adolescente se lo piensa dos veces.
La técnica de “Reestructurar” las reglas de la casa.
Desde el enfoque estratégico se redefine el marco de la situación. No se trata de un “te prohíbo tener vida sexual”, lo cual despertaría la rebelión adolescente, sino de salvaguardar el espacio común y la madurez.
Si como familia consideran que la respuesta es no, se procura no comunicar desde el juicio moral, sino desde el derecho al espacio propio.
“Entiendo perfectamente que quieras pasar más tiempo con tu novia y que la relación esté creciendo. Sin embargo, para nosotros, esta casa es nuestro espacio de descanso familiar y no nos sentimos cómodos aún compartiendo esa intimidad diaria. Preferimos que tengan sus propios espacios fuera de aquí para esos momentos.”
Si en cambio como familia consideran que la respuesta es sí, pero bajo condiciones, se trata como un rito de paso que exige corresponsabilidad.
“Estás creciendo y confiamos en ti. Si se va a quedar, acordemos las reglas de convivencia: el respeto al descanso de los demás, el orden y la anticoncepción. Si esto funciona, genial; si altera la dinámica de la casa, tendremos que dar un paso atrás.”
¿Qué es lo que no funciona en estos casos? ¿Cuáles son las soluciones intentadas fallidas?
No funciona el sermón, hablar de moralidad o de cuando tú eras joven.
Funciona el diálogo, hacer preguntas para que el adolescente evalúe la comodidad y la responsabilidad de su petición.
No funciona el shock/pánico, responder con un, “¡De ninguna manera!” visceral.
Funciona la calma estratégica, acoger la pregunta como señal de confianza y madurez, postergando la respuesta final unas horas para analizar el escenario.
No funciona, la evitación, decir “lo hablamos luego” para siempre.
Funciona el acuerdo redefinido, establecer límites claros basados en el respeto mutuo, no en el miedo.
El enfoque estratégico nos recuerda que “vencer sin combatir” es el arte supremo. Si logras que tu hijo entienda que su petición conlleva una madurez que debe demostrar en el día a día, habrás transformado un momento de shock en una tremenda oportunidad de crecimiento para ambos.
Hasta el próximo posti y recuerda que ser padres es cometer errores. Los únicos padres que no comenten errores son los que no tiene hijos.
Betina A. Speroni YouTube.


