¿Ansiedad al volante? ¿Por qué evitar esa carretera está alimentando tu miedo?
05/07/2026
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¿Por qué puedes conducir en ciudad pero temes la autovía?

Uno de los mayores mitos sobre la amaxofobia, el miedo a conducir, es la idea de que quien la padece no puede ni acercarse a un coche.

En la práctica, tanto la psicología, como los especialistas en seguridad vial, observamos que es un miedo muy fragmentado, y restringido a determinadas áreas de la conducción, como conducir por autovía, o túneles, o pendientes pronunciadas, o en condiciones climáticas adversas como lluvia o niebla, o conducir solos, o coger carreteras secundarias.

Muchas personas conducen perfectamente en su día a día por su ciudad o rutas conocidas, pero experimentan niveles muy altos de ansiedad o ataques de pánico ante situaciones muy específicas como las mencionadas.

¿Cómo se manifiesta la ansiedad al volante según estos escenarios? Vamos al lío.

Autovías y autopistas: Es uno de los desencadenantes más comunes. La velocidad elevada, la sensación de no tener control si pasa algo a 120 km/h y la presión de camiones o coches adelantando rápido suelen provocar una gran sensación de vulnerabilidad.

Túneles (conducción subterránea): Aquí la amaxofobia se mezcla con la claustrofobia. El miedo viene de la sensación de encierro, la iluminación artificial y la idea catastrófica de quedarse atrapado si hay un accidente dentro.

Pendientes e incorporación en cuestas: Suele estar ligado al miedo de que el coche se vaya hacia atrás, cale el motor, especialmente en manuales, o perder el control del vehículo en rampas pronunciadas de parkings.

¿Cómo saber si sufres amaxofobia?

Carreteras secundarias o de montaña: El miedo se activa por las curvas cerradas, la falta de arcén, la proximidad de acantilados o la visibilidad reducida.

Factores ambientales (Noche o lluvia): La pérdida de visibilidad, el asfalto deslizante y el reflejo de las luces de otros coches reducen la sensación de seguridad y disparan la alerta mental.

Aparcamiento o tráfico denso: En este caso, el miedo suele ser más social: el temor a bloquear el tráfico, a recibir pitidos de otros conductores o a “hacer el ridículo” al intentar aparcar bajo presión.

Como podemos dar cuenta, la amaxofobia no es falta de habilidad al volante, sino un problema de gestión de la ansiedad, y de pensamientos de pérdida de control en momentos específicos.

Al principio, cuando se activa el miedo de forma leve o moderada, estamos frente a una dificultad, como por ejemplo, la incomodidad que puede generar aparcar ante la mirada y la presión de otros conductores. Sin embargo, esta dificultad inicial, según como se gestione puede convertirse en un problema.

La frontera entre una dificultad gestionable y un problema cronificado.

Desde la perspectiva de la Terapia Breve Estratégica, el miedo en sí mismo no es el problema, ni un “enemigo”, el peligro real está en las soluciones intentadas que aplicamos para protegernos, ya que a menudo terminan alimentando el monstruo.

La ansiedad al volante a veces se camufla

¿Cómo puede convertirse una simple dificultad en un problema como la amaxofobia?

El detonante es la dificultad inicial. Un buen día sufres un pequeño sobresalto en la autovía o notas que te sudan las manos al adelantar a un camión. Hasta ahí, es una dificultad o una reacción fisiológica normal de alerta. No es grave.

La solución intentada disfuncional da lugar al nacimiento del problema, aquí es donde según Nardone, nos metemos en problemas sin saberlo. Para calmarnos, empezamos a aplicar ciertas estrategias que lejos de ayudar, cronifican el miedo. ¿Cuáles son las soluciones más intentadas?.

La Evitación: “Hoy mejor no cojo la autovía, voy por la nacional”. Al evitarlo, tu cerebro siente un alivio inmediato, pero el mensaje que te mandas a ti mismo es: “No entres ahí, porque es peligroso y no eres capaz de gestionarlo”. Cada evitación confirma y aumenta el miedo para la próxima vez.

El Control que hace perder el control: Intentar controlar milimétricamente cada movimiento, la respiración o los pensamientos para no ponerse nervioso. En la TBE se sabe que buscar el control absoluto de una función espontánea, como conducir o relajarse, solo genera más bloqueo y ansiedad.Me da pánico aparcar

La Búsqueda de protección: Conducir solo si vas acompañado de alguien que “te salve” si te da un ataque de pánico. Esto debilita tu autoeficacia.

Tener ansiedad al volante al principio es solo una dificultad. Si se regula a tiempo afrontándola de forma gradual, se disuelve. Pero si empezamos a evitar rutas, a buscar excusas o a hipervigilar nuestras reacciones, es cuando esa dificultad “deviene en el problema” formal de la amaxofobia.

Por eso es tan común tenerla y no saberlo. La mayoría de las veces, las personas camuflan su miedo modificando sus rutas y rutinas, convenciéndose de que “prefieren” ir por otro lado, cuando en realidad es el miedo el que conduce por ellos.

El estigma y la vergüenza son los mejores amigos del aislamiento, y en el caso de la amaxofobia, el silencio es ensordecedor.

Vivimos en una sociedad donde conducir se asocia con autonomía, madurez e incluso estatus. Por eso, admitir que aterroriza sentarse tras el volante puede generar vergüenza y culpa. Quien lo sufre suele escuchar frases bienintencionadas pero que no ayudan, “¡Pero si es una tontería!”, “¡Si conduces muy bien!” o “Es solo práctica”.

Esto solo logra que el miedo se esconda, que ese inventen excusas para no ir a ciertos sitios y que se sufra en soledad.

Para ayudar a romper este silencio y normalizarlo, es fundamental poner sobre la mesa tres verdades esenciales.

La primera es que no es falta de capacidad, es un secuestro emocional.

¿Por qué me da miedo conducir de noche?

La amaxofobia no mide tu inteligencia ni tu habilidad técnica. De hecho, muchas de las personas que la sufren son muy buenos conductores. El problema no está en las manos ni en los pies, está en la amígdala, la zona del cerebro que procesa el miedo, y que interpreta el coche como un peligro de muerte inminente.

La segunda tiene que ver con que las “estrategias de camuflaje” agotan mentalmente.

Quienes sufren amaxofobia en silencio gastan una cantidad de energía mental brutal en ocultarlo. Se convierten en expertos estrategas para que nadie lo note, como por ejemplo,

ofrecerse a pagar la gasolina o el parking con tal de que conduzca otro, argumentar que donde viven cuentan con un buen servicio de transporte público, o que la conducción es muy estresante, y no estamos diciendo que no lo sea, solo que muchas veces, el estrés se usa como excusa para maquillar la ansiedad al volante.

La tercera es poner excusas climáticas o de salud, “Me duele la cabeza, mejor conduce tú” o “Con este sol prefiero no forzar la vista”.

Salir dos horas antes para ir por calles secundarias y evitar la autovía sin que nadie se entere.

Este desgaste diario empeora la autoestima y refuerza la idea de que están “defectuosos”, cuando solo están lidiando con una fobia específica.

¿Te da miedo conducir con lluvia?

La amaxofobia suele manifestarse en personas con un alto sentido de la responsabilidad y perfiles perfeccionistas. Con temor a no poder controlar el entorno, la imprevisibilidad de los demás conductores, o a las consecuencias de un error propio.

Es el miedo de la gente que cuida y respeta la vida, llevado al extremo por la ansiedad.

¿Cómo podemos ayudar a quienes lo sufren en silencio?

Validar sin juzgar, si alguien te confiesa que le da miedo conducir, no minimices su miedo. Un “Entiendo que lo pases mal, debe de ser muy agotador” ayuda mil veces más que un, “No pasa nada, hombre”.

Eliminar la presión, frases como, “Venga, coge el coche hoy, que no pasa nada” suelen bloquear aún más. El ritmo de exposición al estímulo debe decidirlo la persona, si es posible con apoyo profesional.

Visibilizar, hablar de ello con naturalidad. Saber que figuras públicas, amigos o compañeros de trabajo también lo han pasado , y superado, rompe el caparazón del aislamiento.

La amaxofobia se cura, pero el primer paso para desactivarla es poder decir en voz alta, “Me da miedo conducir” sin sentir que te van a juzgar por ello.

Hasta el próximo posti, y recuerda que el miedo evitado se convierte en pánico, y el miedo mirado a la cara deviene en valor.

Betina A. Speroni YouTube