“Cuando subir al coche es una lucha”
En este posti reflexionamos sobre la diferencia entre la ansiedad al conducir (amaxofobia) y la falta de experiencia al volante. Vamos al lío.
Entender esta diferencia es crucial porque el abordaje de cada una es diferente.
La falta de experiencia al volante, propia de cualquier conductor novel que aún no domina completamente esta nueva pericia, se supera con la práctica en tráfico real. En estos casos, la ansiedad no es limitante, el conductor novel encuentra la manera de exponerse al tráfico real por sus propios medios y a pesar de la inseguridad que lo atraviesa. Y esto hace que con el tiempo vaya ganando confianza en sí mismo.
Hablamos de amaxofobia cuando la intensidad de la ansiedad dificulta la conducción, llegándola a impedir en algunos casos. Por lo general, la ansiedad se circunscribe a determinados escenarios, como conducir en autovía, o en zonas y horarios de mucho tráfico, o a la conducción nocturna, o con lluvia, o a pasar por túneles o puentes, o a rebasar vehículos pesados, o a la velocidad, y la lista sigue dependiendo de cada caso.
Si bien en la amaxofobia es importante y necesaria la práctica en la carretera, esta sola por sí misma, no solo no es suficiente, si no que puede llegar a ser contraproducente si la exposición al tráfico no se hace de manera gradual, progresiva, y controlada.

Cuando hablamos de conducción hacemos referencia a usar el coche para ir a distintos lugares, en diferentes horarios, con diferentes condiciones climáticas, en base a lo que necesitemos y queramos hacer, con total libertad.
En la amaxofobia, la ansiedad es muy intensa y se acompaña con la activación de la frecuencia cardíaca, y respiratoria, puede aparecer sequedad en la boca, sudor en las manos, miedo al descontrol, entre otros. Esta activación fisiológica se une al temor de no ser capaz de reaccionar a tiempo, de liarla con otros coches, de sufrir un accidente, de lastimar a alguien, de que el coche tenga una avería, de conducir solo, y un sinfín de otros miedos.
Así como no podemos decirle a alguien que le tiene miedo al agua, que ese miedo se irá tirándose a la piscina, tampoco debemos decirle alguien con ansiedad al conducir, que ese miedo se irá conduciendo. Por supuesto que sin conducir no se regula la amaxofobia, el punto es que la exposición a la conducción debe ser progresiva, gradual y controlada, adaptada a cada persona.
La confianza al volante se gana progresivamente en la carretera, kilómetro a kilómetro, y practicando una y otra vez aquellas maniobras que cuesten más.
Tanto la falta de experiencia al volante, como la ansiedad al conducir, comparten la incomodidad, la falta de seguridad, y de confianza inevitable de quien está aprendiendo y exponiéndose a una habilidad que todavía no domina. Solo que en la primera la práctica alcanza para superar esa incomodidad, y así ir ganando de a poco confianza, y en la segunda, la práctica sola no es suficiente.
El proceso de regular la ansiedad al conducir sirve para la vida más allá de la conducción. Así como vivir es tomar decisiones, conducir también consiste en tomar decisiones.
Solo que en el día a día muchas de las decisiones pueden ser postergadas, y en la carretera en cambio, la mayoría de las decisiones se toman bajo presión, de manera rápida y sin poder ser dejadas para después. Regular la ansiedad va a ayudar a tomar decisiones con la mente despejada.
Cuando estamos ansiosos no podemos pensar con claridad. Al regular la ansiedad no solo creas mejores condiciones para conducir, sino que te fortaleces interiormente.
El proceso no es fácil, requiere una gran dosis de paciencia, y de esfuerzo, que debe acompañarse de las herramientas necesarias.
Algunas de estas herramientas, son la mencionada exposición gradual, trabajar la evitación como solución intentada, ya que forma parte del problema y lo perpetúa, la defusión de los pensamientos catastrofistas, la tendencia a la perfección, a querer hacerlo todo bien y sin equivocarse, lo cual es una utopía.
El uso del humor no debe faltar en la caja de herramientas. Desarrollar la capacidad de reírnos de nosotros mismos es un superpoder, ya que ayuda a desdramatizar las diferentes situaciones que se pueden presentar, sin pensar que se acaba el mundo. El humor desvanece el miedo al ridículo. Si somos los primeros en reírnos de nuestros errores, le quitamos ese poder a otro.
Cultivar un diálogo interior amoroso y compasivo es igualmente importante en el proceso.
Cuando alguien se dice a sí mismo, “Esto de conducir no es para mí, soy un desastre”, “Otra vez cometiendo el mismo error”, “No puedo con el miedo”, se genera sufrimiento, y además el cerebro va a buscar información que le muestre situaciones en las que comete el mismo error, de momentos en los que siente que no puede, y en la que el miedo lo sobrepasa, confirmando así su creencia de incompetencia.
Al corregir nuestros diálogos interiores le hacemos lugar, y no pasamos por alto aquellas maniobras que salieron bien, aquellas muy buenas decisiones que se tomaron bajo presión, aquellas cosas que se van mejorando progresivamente, sin quedar empantanados solo en lo que sale mal.
No es lo mismo decir, “Esto no es para mi”, que decir, “El proceso no es fácil, pero estoy trabajando en ello”. La primera afirmación cierra una puerta, y enarbola la pancarta de la incapacidad. La segunda, asume la dificultad sin rendirse.
La amaxofobia no es tan rara como se cree. Muchas personas la sufren en silencio. No estás solo. La regla de oro para regular la ansiedad al volante es mezclar en partes iguales paciencia, esfuerzo y ganas. Si a esto le sumas el tiempo como aliado, es decir, el regalarte incondicionalmente el tiempo que tu proceso necesite, pues entonces, ya lo tienes.
Hasta el próximo posti y recuerda que al regular tu ansiedad al conducir estás asfaltando la carretera hacia tu libertad. El camino es arduo, pero con creces merece cada gota del esfuerzo puesto en el mismo. Tu libertad lo vale, a que si?.
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