“Cuando la infidelidad obliga a decidir. ¿Seguir o no seguir?”
10/12/2025
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“La traición en la pareja”

En este posti reflexionamos sobre la infidelidad y la controversia entre romper la relación o reconstruirla.

Al hablar de infidelidad hablamos del incumplimiento del contrato de exclusividad de la pareja. Cuando alguna de las partes rompe ese contrato, la otra parte inevitablemente siente el peso de la traición. En este primer momento el impacto de la deslealtad del cónyuge, genera frustración, enfado, dolor, tristeza, un coctel de emociones intensas y desagradables que pueden acompañarse de desánimo, desilusión, apatía, rabia, entre otras variantes. Emociones y comportamientos que cambiarán según la persona, la pareja, la historia de vida, y el momento del ciclo vital de ese vínculo.

Casi todos hemos escuchado alguna vez la frase, “La confianza se ha roto”, haciendo alusión a que ya no se espera del otro el comportamiento que antes de la infidelidad se esperaba. La traición al contrato de exclusividad viene acompañada de incertidumbre hacia el futuro de la relación, o mejor dicho, le agrega más incertidumbre, a la cuota inevitable inherente a toda relación.

Ninguna relación tiene garantías de nada, y con la infidelidad esto se hace real.

Nadie está obligado a perdonar una infidelidad, como tampoco podemos afirmar que siempre y en todos los casos el perdón es la mejor salida.¿Cómo afrontar una infidelidad?

Lo que cada cada persona decida hacer frente a una infidelidad, siempre y cuando, no dañe ni a la persona misma ni a terceros, está bien, es respetable y legítimo.

La vida no ha escrito el manual de cómo afrontar una infidelidad. En todo caso, es tarea de quien se encuentra en esa situación de escribirlo, de pensarlo, de cuestionar viejas creencias, y de tomar decisiones que se ajusten a esa reflexión. A la hora de tomar una decisión es importante tener en cuenta que si no es factible confiar en el otro nuevamente, la posibilidad de retomar o seguir construyendo ese vínculo es inviable.

Sin confianza no hay relación posible. El hecho de confiar en el otro a quien se elige como pareja, es imprescindible para pensar una relación sentimental.

La confianza no alcanza para sostener un vínculo, pero la falta de la misma es suficiente para su disolución. Quien ha perdido la confianza en el otro, se vuelve vulnerable a reclamar que sea quien la “ha roto” quien se encargue de recomponerla, como si fuera posible para quien ha cometido la traición pegar los pedazos rotos de esa confianza que como una jarrón de cerámica se ha hecho añicos.

Lamentablemente el daño causado no se puede deshacer. Lo que se ha hecho, hecho está. Esto de ninguna manera significa que no hay manera de reconstruir la relación, esto significa que la infidelidad no se puede borrar del guión de la novela de esa pareja.

Si la persona a la que le han sido infiel no puede volver a confiar en su pareja, tiene que tener presente esto al momento de decidir si dar un paso al costado o no de la relación. La decisión de confiar nuevamente en el otro es personal. Creer que es el infiel quien se debe ganar la confianza nuevamente, conduce a una calle sin salida.

"Me fueron infiel, ¿qué hacer?

Está muy instaurada la creencia según la cual quien ha incumplido el contrato de exclusividad y por tanto, “roto” la confianza debe repararla. El punto en esta afirmación es que no se le transmite qué conductas o comportamientos concretos, observables, y medibles debe hacer en el día a día para ganarse nuevamente esa confianza. Son comunes los reclamos como por ejemplo, “Tienes que ser honesto”, “No tienes que mentir”, “Tienes que ser claro, y no andar con ambigüedades”.

Esto es muy abstracto, y entonces suele pasar que haga lo que haga la persona, en el caso en que su arrepentimiento sea genuino y sincero, y quiera reparar el daño que ha causado, nunca sea suficiente para quien ha sido traicionado, quien reclama y espera más del otro.

¿Qué observamos aquí? Que considerar a la confianza como un bien que una vez perdido, o roto, se debe conquistar nuevamente no funciona.

Cuando dos personas se encuentran y deciden conocerse, ninguna de las dos debe ganarse la confianza del otro. Ambos deciden confiar, y ver qué va sucediendo.

La misma dinámica es una buena opción luego de una infidelidad. Es decir, si quien ha sido traicionado valora que su pareja está profundamente apenada por el dolor que ha causado, a veces el arrepentimiento es genuino, otras veces no, y sinceramente sigue apostando por todo lo que han construido juntos, decidir confiar nuevamente como al comienzo del vínculo es una opción viable, en lugar de caer en abstracciones como tienes que ganarte la confianza que has destruido. Nadie dice cómo, ni de qué manera esa confianza se puede recuperar.

Perdonar una infidelidad no es una obligación, si no una decisión

Tal vez, la dificultad radique en querer atribuirle al otro algo que es personal. “Yo decido confiar nuevamente en ti”, o por el contrario, “Me resulta imposible confiar nuevamente en ti luego de lo sucedido”. Ambas decisiones están bien. Ambas decisiones son personales. Y a menos que quien toma esa decisión esté corriendo un riesgo o poniéndose en peligro nadie debería juzgar.

Perdonar una infidelidad no es una obligación, es una decisión a tomar que invita a reflexionar profundamente sobre las características de lo que ha sucedido, sobre cómo se siente, y cuán arrepentido se encuentra el infiel, si ha habido infidelidades previas, si tiene un pensamiento autocrítico sobre su comportamiento, o si por el contrario, adjudica la responsabilidad de lo sucedido a su pareja.

Podemos pensar una infidelidad como un punto de inflexión en la relación, como un momento propicio para reflexionar en cómo está funcionando ese vínculo, si esa manera de funcionar es aceptable para ambos, o solo para una de las partes.

Una crisis es una oportunidad. Hay parejas que logran reconstruir su relación luego de la misma, y otras que por el contrario deciden seguir caminos diferentes."Infidelidad, entre el corazón y la razón".

Así como no hay dos relaciones de pareja iguales, cada infidelidad es única en si misma. La mayoría de las veces, la infidelidad no es el problema si no el síntoma de algo que no está bien y que debe ser revisado. La infidelidad te abre los ojos, ya no queda lugar para hacerse el distraído. Hay que tomar una decisión, y hasta el acto mismo de no decidir ya es una decisión.

Cuanto más tuya sea esa decisión, y cuanto más alineada esté con lo que para ti es importante en tu vida, y en tu relación, mejor te sentirás luego de haberla tomado.

Hasta el próximo posti y citando a Soren Kierkegaard, filósofo danés, recuerda que, “En ninguna cosa la infidelidad es más innoble y repugnante que en el amor.