“Cuando el pasado erosiona el presente”
¿Te preocupa el pasado sexual de tu pareja, o lo que tu mente te propone que pudo haber pasado, y lo que podría pasar?.
En este posti te invito a reflexionar sobre las trampas que nos hace la mente, en este caso, ¿El problema será el pasado sexual en sí mismo, o la preocupación acerca de ese pasado.
“Pienso, luego sufro. Cuando pensar demasiado hace daño”. Giorgio Nardone.
Vamos al lío. Somos una historia, conocer a alguien es conocer su historia. La persona no empieza a vivir cuando tú le conoces. Todo lo que alguien ha vivido antes de conocernos forma parte del equipaje con el cual emprenderá su viaje junto a nosotros, y viceversa. Su pasado. Su actividad sexual previa. Su trayectoria de vida. Su asunto.
La psicotrampa del control, que lleva a perder el control. Detrás del control excesivo está la creencia errónea de que al ocuparse racional, e intelectualmente, en este caso, de la actividad sexual previa de la pareja, se está resolviendo ese tema, es decir, si el tema genera inquietud se cree que una manera de sentirse tranquilo con respecto al mismo, es poner la atención en eso, hacerse preguntas esperando que las respuestas tranquilicen y resuelvan la situación. Pero a más preguntas más respuestas, y mayor turbación.

Paradójicamente intentar resolver desde la lógica común, una dificultad emocional y afectiva que genera angustia, y que no obedece a la lógica común, magnifica el problema y hace que persista.
Cuanto más vueltas se le da al mismo, mayor es el malestar. Cuanto más intenta la persona controlar ese pasado sexual apelando a lo racional, mayor es el descontrol.
Como ejercicio puedes honestamente preguntarte, ¿Cada vez que entro en esa espiral de preguntas y respuestas acerca de su actividad sexual, modifico algo de lo sucedido, me siento mejor, nuestra relación progresa?.
¿Para qué insistir con algo que no funciona?. ¿Qué opciones tengo frente a esta realidad?.
¿Si la racionalización no funciona entonces qué hago?. Si la rumiación amplifica el problema, si la atención constante en el mismo lo acrecienta, si al seguir a la mente cuando viaja hacia atrás o hacia adelante empeora la situación, algo distinto en lo que entrenarse, para de a poco poner en práctica es traerse al presente. Al presente de la relación. A los momentos de intimidad con la pareja. A la complicidad.
Recordemos que si bien la sexualidad es una parte importante en una relación sentimental, ninguna relación se sostiene solo por tener buen sexo.
Familiarizarse con la respiración consciente es una hermosa manera de traernos al instante en el que vivimos. Porque solo en este instante, y en ningún otro se vive, se disfruta, se llora, se comparte, se construye un vínculo.
Si miro hacia atrás constantemente no puedo avanzar. Si la mayor parte de mi energía psíquica está puesta en el sexualidad previa de mi cónyuge, me queda menos energía para investir lo que estamos viviendo ahora.
¿Qué me pasa a mí con el pasado sexual de mi pareja?, ¿Despierta inseguridades, dudas, miedos?.
Si el estar bien como pareja en este momento presente no es motivo suficiente para quitar la atención de eso que ha sucedido, y que no se puede cambiar, entonces, tal vez, tenga que trabajar mis inseguridades para no erosionar el vínculo.
Dejar de alimentar pensamientos como, “¿Será suficiente lo que tiene conmigo?”, “¿Echará de menos lo que ha vivido?”, “¿Habrá sinceridad cuando dice que me quiere?”, “Y si lo nuestro no funciona?, es una manera de matar de hambre a esos pensamientos que no hacen más que generar malestar, crear más dudas, y ahuyentar la tranquilidad.
Hacerle caso a estos pensamientos es una excelente manera de echar a perder la relación.
¿Y si en vez de hacer foco en ese pasado sexual, se hace foco en el presente?. En cómo la pareja disfruta en este momento de la relación a la hora de estar juntos, ya sea en la intimidad sexual, o compartiendo las diferentes actividades del día a día. En el presente podemos intervenir, en el pasado no.
¿Y si cuando la mente viaja hacia el pasado sexual de mi pareja, me traigo de nuevo al presente?.
¿Y si en vez de habitar ese pasado en el que es imposible hacer algo, decido construir en este presente? Sin presente ninguna relación tiene futuro.
Si te está resultando una tarea titánica poner la atención en lo que sucede en este presente de la relación, es porque estás utilizando la preocupación como solución ensayada a esta situación. Solución fallida porque no está solucionando nada.
¿El repasar una y otra vez los diferentes escenarios que la mente propone, modifican en algo a ese pasado, o mejoran la relación de pareja en el presente, o alivian emocionalmente?.
En la mayoría de los casos la respuesta es negativa. El preocupado es un ansioso cuya mente se va hacia el futuro, “¿y si mi pareja se siente insatisfecha conmigo?”, “¿y si más adelante me engaña con otros”?,”¿ y si no me ha contado todo, y si le parezco tonto?”, “¿y si necesita otras prácticas sexuales?”.
Podemos identificarnos con estos pensamientos, y darles permiso para que nos agobien, desvitalicen, y hagan de nuestra relación un verdadero sufrimiento, o por el contrario, podemos darle la misma importancia que le damos a la publicidad obligada que se impone cuando estamos atentos a algo que nos importa. ¿Qué hacemos ante la publicidad forzada? La ignoramos. No le damos lugar en nuestra atención. Nos deshacemos de la misma.
Esta misma práctica se aplica a la intromisión de ese pasado sexual.
¿Qué sucede si se pone la atención en las prácticas sexuales del pasado de la pareja? Es una manera infalible de generarnos sufrimiento, y de echar a perder la relación. ¿Por qué?.
Lo que se observa detenidamente se amplifica, empieza a ser figura y se impone frente al tenue fondo de las demás cosas que pasan en esa relación.
Y tal vez en ese fondo hay compañerismo, hay ganas de seguir creciendo juntos, hay atracción sexual, hay proyectos, hay diferencias y desencuentros que son trabajables, pero todo esto queda cubierto por la neblina de ese pasado sexual, que se hace figura.
Si la anterior actividad sexual de la pareja atormenta, y el presente de la relación, por otros motivos, es mediocre, la respuesta cae como la fruta madura cae del árbol, pero si la actual dinámica de la relación es aceptable, excepto por la sexualidad del pasado, tal vez merezca la pena, empezar a relacionarse de manera distinta con estos pensamientos.
Hay realidades que son más difíciles de aceptar que otras, la aceptación no es una obligación.
La indecisión le abre la puerta a la duda. La duda instalada duele.
La idea es saber de ese pasado sexual hasta donde cada uno pueda gestionar emocionalmente. ¿Para qué meterme en lugares desde los cuales me va a resultar difícil salir?. Si ya entraste, una manera de salir de este bucle es cambiar de solución ensayada.
La racionalización, en este caso, agrava la situación, forma parte del problema y contribuye a que persista.
Hasta el próximo posti y recuerda que el amor solo se vive en el presente.



