“Miedo a conducir”
08/11/2025
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“Tengo el carnet y me da pánico salir con el coche”

El miedo a conducir no empieza en el coche, empieza en la cabeza. En este posti reflexionamos nuevamente, y desde otra mirada, sobre la amaxofobia o miedo a conducir. Este miedo puede ir desde la incomodidad a conducir por ciertos lugares, como por ejemplo, en zonas u horarios con mucha afluencia de vehículos, o en autovías, o carreteras secundarias.

Otras veces, el miedo se puede activar al conducir en condiciones de clima adverso como en días de lluvia, o con mucha niebla y menos visibilidad. Muchas veces, el miedo impide sacarse el carnet, o una vez conseguido el mismo, no animarse a salir a la calle, o solo hacerlo con la compañía de alguien. Como podemos observar el miedo a conducir tiene tantas variantes como personas hay.

Sin embargo, el denominador común en todos los casos, es el deseo de querer hacerlo, y al mismo tiempo sentir un impedimento interior que paraliza, angustia, frustra, llegando muchas veces a bloquear a la persona. Querer y no poder. Y ese no poder muchas veces no tiene que ver con no saber, si no con no sentirse capaz. Con la falta de confianza en si mismo.

Y esto da lugar a trampas mentales como, “Cuando tenga confianza saldré a la calle con mi coche”. Pero la confianza se logra en la experiencia de conducir con tráfico real. La infravaloración de las propias habilidades, y la sobrevaloración de los peligros, es otra característica en estos casos.

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”. No confundir riesgo con peligro. Salir a la calle con un coche implica un riesgo, pero al conducir no estamos en peligro.

Ansiedad al volante

El riesgo es el mismo que si estamos en un bus, o en un taxi. ¿Quién va a cuidar mejor de ti que tú mismo?.

La creencia de no ser capaz de hacer frente a las demandas cambiantes del tráfico, va a favorecer que se haga hincapié en los errores y se minimicen los logros, confirmando de esta manera la creencia de no ser capaz.

Todos sabemos que el tráfico es cambiante, imprevisible, y caótico, ¿Y acaso la vida misma no es así?. Es imposible controlar el tráfico, pero es posible adaptarnos a los cambios del mismo.

Seguramente en tu vida te habrás tenido que adaptar a muchas situaciones de cambio, esta es una más. Y trabajar para lograr adaptarte a las demandas del tráfico te ayudará en tu vida. Te ayudará a aflojar con este control, y ganarás en libertad. Y de seguro irás por la vida más liviano.

Ningún conductor ha nacido sabiendo, todos se han hecho con la práctica y la experiencia. ¿Dónde radica la diferencia entre aquellos que nada más sacarse el carnet de conducir salen a la calle con lo que saben, aún sintiendo una cuota de miedo, y aquellos otros que se sienten paralizados por la ansiedad, el miedo, y el temor que los invade?.

¿Cómo superar el miedo a manejar?

Podemos a grosso modo intentar resumir las diferencias más frecuentes, una de las razones de esta diferencia no está en lo que saben, si no en cómo perciben sus propios recursos a la hora de conducir. La persona que no se sienta capaz de responder a las cambiantes situaciones del tráfico, por muchos recursos que tenga y por mucho que sepa, si no ve sus recursos es como si no los tuviera. “Y si en una rotonda se me cruza un coche”, “Y si no logro cambiarme de carril, o si lo hago mal y causo un accidente?, ¿Si no veo un peatón?, ¿Si por miedo a rebasar a un ciclista me empiezan a pitar?.

Se subestiman los propios recursos, se escucha a la exigencia de tener que hacerlo todo bien, ya sea para no molestar a los otros conductores, o para no quedar en ridículo, o lo que sea, se hace foco en los errores, y se minimizan los logros, se llega a la conclusión de no ser capaz, y entonces vienen las excusas para no coger el coche, o se vuelve a la autoescuela, y se entra en ese bucle de insatisfacción y frustración con si mismo.

¿Cómo gestionar este miedo? Preguntarnos por qué sucede esto, o ir en busca de las causas, en este caso es inútil, ya que conduce a un callejón sin salida. En lugar de por qué podemos preguntarnos para qué está sucediendo esto, y cómo podemos resolver esta dificultad.

El aprender a conducir como todo proceso de aprendizaje implica un cambio. Un cambio es siempre doloroso y emocionalmente costoso porque nos consume energía psíquica."No me animo a salir sola con el coche"

El cerebro frente a los cambios se resiste, porque está programado para la supervivencia. A nuestro cerebro le importa que sigamos vivos. No le importa si somos felices o no. No le importa que vayamos felices de la vida conduciendo un coche.

El cerebro es perezoso, no quiere gastar energía. Por lo tanto, en un primer momento no lo tenemos de nuestro lado. ¿Cómo contrarrestar esto? Dándole razones de porqué queremos hacerlo. Tenemos que convencerlo, y entonces sí, nos prestará su ayuda.

¿Cuáles son tus razones y cuán intensas son tus ganas para querer conducir? Puedes hacer una lista con las mismas. Estas razones deben ser como el faro que ilumine cada una de las decisiones que tomes a lo largo del proceso. Razones y ganas. Ambas son las piedras angulares en este proyecto. El camino no es fácil, ni recto, ni liso. En el camino hay baches, desvíos, mejores y peores condiciones emocionales.

Cuando las condiciones emocionales no sean las mejores, cuando te sientas frustrado, desanimado, enfadado, lo cual, es absolutamente normal y esperable a lo largo del proceso, tus razones, las mismas que te llevaron a iniciarlo, junto con las ganas deben ser tu apoyo, tu sostén, y tu guía.

¿Cómo empezar? Familiarizándote con la respiración consciente como ejercicio de relajación, y como una manera de volver al presente. Sí, de traerte nuevamente a este instante, en el que te encuentras seguro, y a salvo.

"No me animo a manejar mi coche solo"

El cerebro y su tremendismo te llevará hacia escenarios negros, o catastrofistas, la respiración consciente es una preciosa manera de volver al presente. No importa la cantidad de veces que tengas que traerte de nuevo al presente. Lo importante es volver y no quedarse habitando ese futuro ilusorio y temido donde según los pensamientos pueden suceder cosas terribles.

Los pensamientos pueden anticipar escenarios de accidentes, de falta de reacción, de errores imperdonables, de pitadas eternas, de burlas, de hacerlo todo mal, de no ser capaz, de rodearnos de conductores temerarios.

Estos pensamientos que son solo pensamientos. No son una verdad absoluta, lo que hacen es contaminar la experiencia real, o la experiencia al desnudo, con catastrofismo.

La idea es contactar con la experiencia real, sin agregarle la carga emocional de estas valoraciones mentales. La experiencia real sin la contaminación de estos pensamientos.

¿Cómo hacerlo? Ojalá existiera una varita mágica que en solo tres movimientos resolviera esta dificultad. ¿Sin varita mágica qué hacemos?.

Empezar de manera constante y progresiva, salir tres veces por semana está muy bien, empezando por zonas, horarios y maniobras de menor dificultad y progresivamente ir hacia aquellas que son un poco más desafiantes.

Al conducir me paraliza el miedo

La idea es exponerse a la situación real, no a la situación que propone la mente controladora. ¿Cuás es la situación real? Coger el coche y salir a dar una vuelta para practicar lo aprendido en condiciones de tráfico real. Y aquí pausar los pensamientos. Los pensamientos siempre van a estar, pero podemos, y en esto nos ayuda la respiración consciente, seguir adelante con la práctica de la conducción, aún con los pensamientos.

O ganan los pensamientos, o ganas tú y tus ganas de conducir libremente. No podemos quitarnos los pensamientos, pero sí, podemos ignorarlos, y especialmente agradecerles su cuidado. Recordemos que la función del miedo como emoción es cuidarnos. Por eso se activa ante la percepción de una amenaza real o imaginada. En este caso se activa innecesariamente.

En este caso el peligro no es real, si no imaginado. En este caso el miedo nos está cuidando de algo que podría pasar. Mente controladora. Experiencia contaminada de peligro.

¿Qué hacer aquí? Contactar con la experiencia al desnudo. Salir con el coche a practicar lo aprendido para ganar confianza al volante. Punto final. Lo que podamos agregar ya es miedo infundado. El miedo disfuncional que abre la puerta al bucle inagotables de los Y si pasa esto, y si pasa lo otro, y si pasa aquello.

Constancia, progresión gradual, paciencia con tu proceso, y ganas son superpoderes en los que apoyar este aprendizaje.

Hasta el próximo posti y recuerda que así como no podemos vivir sin miedo, tampoco es posible conducir sin él. Citando a André Gide, ”Hay muy pocos monstruos que garanticen los miedos que les tenemos”.