“Si te aleja de tu familia y amigos salí corriendo”
En este posti seguimos reflexionando sobre el comportamiento del psicópata cotidiano. Ese atípico que se mueve como uno más en la sociedad, y de quien solo podemos sospechar su presencia si conocemos su accionar, de lo contrario, es imposible reconocerlo porque se viste de persona como cualquiera de nosotros.
Lo expuesto aquí sigue la línea de investigación de la Escuela Argentina de Psicopatía. Doctor Hugo Marietán.
Si estas personalidades se comportaran solamente de manera negativa, cruel, desalmada, y fría hacia los demás, sería fácil reconocerlos, pero como no están todo el día llevando a cabo acciones psicopáticas, no los vemos.
La mentira, la persuasión, la sutileza, y el sembrar miedo en el otro no faltan en el arsenal de ningún psicópata. Cuidado con la idea errónea de que estos seres se comportan de manera violenta, abusiva, brusca, y que destilan odio todo el tiempo. Esta creencia no permite reconocerlos. ¿Por qué?.
Porque alimenta la fantasía de que estos seres al ser tan despiadados y crueles de alguna manera son reconocibles. Y la realidad, nos muestra que no. La realidad nos deja al desnudo y vulnerables. La realidad nos dice que no hay manera de identificarlos, solo divulgando y aprendiendo sobre el tema podemos sospechar estar frente a uno de ellos.
Cuando estos atípicos tienen un objetivo, planifican cada paso hasta llegar al mismo. Al no estar recorridos por la ansiedad que nos caracteriza a los neuróticos, no tienen prisa en llegar.
El psicópata es un estratega que planifica fríamente el camino hacia su meta. No se mueve por impulso, aunque la literatura sobre este tema le adjudique al psicópata impulsividad. Todo lo contrario, el psicópata no pierde el control sobre sí mismo, esto le permite desplegar su psicopatía y control tanto en el entorno como sobre los demás.
La frustración es su Talón de Aquiles. Cuando se encuentra frustrado porque algo no salió como quería, suele cometer torpezas.
Quien quiere bien a su pareja apoya y fomenta el contacto de la misma con su familia, amigos, o cualquier persona significativa. El buen amor enriquece y nos hace mejores personas. El psicópata en lugar de esto trabaja para alejar a su pareja de su círculo cercano, de quienes son su sostén y pilar en la vida. ¿Para qué? para ejercer un mayor control sobre la misma.
Lo hace de una manera muy solapada, en algunos casos valiéndose de la mentira como herramienta, por ejemplo, “El otro día en la comida familiar tu hermana no dejaba de mirarme”, “Tu madre no me ha hablado bien de ti”, “Me han dicho cosas malas sobre tu padre”, “Tu amiga se me ha regalado”. Siembra duda. Trabaja la tierra para la semilla de la discordia y la separación familiar.
A partir de este trabajo fino que realiza el psicópata sobre la complementaria, de a poquito la va convirtiendo en su esclava psíquica. La voz del psicópata es la más escuchada por la complementaria. Su voz es la más significativa.
El psicópata adoctrina a su pareja, de manera muy tenue le va indicando qué es lo que tiene que pensar, sentir y creer. Va implantando sus propios valores en la mente de la complementaria.
Los allegados son los primeros en darse cuenta, pero en esta fase la complementaria está demasiado encandilada con el atípico como para escuchar la advertencia de quienes la quieren ayudar.
Poco a poco, de manera sutil, y para nada violenta el psicópata va creando los barrotes de la prisión de la que cada vez se le hará más difícil salir a la complementaria. En esta prisión, en esta cultura psicopática la libertad de la complementaria está restringida. Solo sabe vivir en esa cultura bajo la dominación del “señor” psicópata.
No sabe vivir sin él, esto es algo que tiene que aprender. Tiene que aprender a tomar sus propias decisiones, a apropiarse de sus valores que fueron trastocados por el psicópata. El atípico la aísla de aquellas personas, actividades e intereses que son una fuente de bienestar para ella, con el fin de controlarla.
A medida que la relación continúa, la complementaria se transforma en un despojo. Distanciada de sus seres queridos, bajo el mando del psicópata, entre constantes descalificaciones, y agravios se marchita lentamente.
No es un nidito de amor, es la cultura psicopática. La mentira actuada perfectamente sin resonancia afectiva, junto a la sutileza, la persuasión y la cosificación hacen que la pareja del psicópata dude de la realidad, de la evidencia que tiene frente a ella, y de esta manera el psicópata le implanta poco a poco sus propios valores. Creando así lo que llamamos cultura psicopática.
La complementaria no se queda ni porque es tonta ni porque le gusta esa situación. No sabe que está con un psicópata, y hasta que no se sienta saturada y sobrepasada por lo que está viviendo, no es probable que se mueva de ese lugar, por mucho que sus seres queridos le adviertan.
Hasta que el beneficio no sea menor que el costo que paga por estar con él no están dadas las condiciones para que deje al atípico.
Es importante que tanto la familia como los amigos, le hagan saber que independientemente de no aprobar esa relación siempre van a estar para lo que necesite.
La persona que te quiere bien no te aísla de tu familia, ni de tus amigos, ni de aquellos que son importantes para ti. Al contrario, fomentará la relación que tienes con los mismos, y se alegrará de saber que compartes momentos de tu vida con ellos.
Quien no favorece la unión con aquellas personas valoradas por ti, no merece un lugar en tu vida. El vínculo con los afectos no se negocia.
Hasta el próximo posti, y recuerda que quien te incentiva a alejarte de las personas que aportan valor a tu vida, no puede aportar nada bueno a la tuya.
Jamás subestimar a un psicópata. El psicópata es peligroso.


