“Hijos de psicópatas”. ¿El psicópata ama a sus hijos?
18/08/2025
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“¿Qué secuelas deja crecer con un genitor?”

En primer lugar, es importante recordar que los hijos de psicópatas son siempre y en todos los casos víctimas. Es decir, no hicieron nada para formar parte de esa cultura psicopática en la que se desarrollaron, y en la mayoría de los casos sobrevivieron.

Algo muy distinto sucede con aquellas personas que pueden estar en pareja con el psicópata, dado que no cualquiera puede tolerar la intensa tensión que generan estos seres. Desde la escuela Argentina de Psicopatía se llama complementario a la persona que puede estar en pareja y convivir con estos individuos.

Los hijos de psicópatas, especialmente cuando son pequeños no cuentan con las herramientas evolutivas, ni psíquicas, ni físicas, ni materiales para salir de ese entorno. El complementario, sí, puede irse. Esto no significa que se quede porque le gusta.

Crecer en una cultura psicopática es estar expuesto a la continua cosificación del psicópata, es decir, a la imposibilidad de ser mirado, reconocido y tratado como una persona.

Si la cosificación es quitarle la entidad de persona a un sujeto. Y por consiguiente, relacionarse con el mismo como si fuera un objeto, es decir una persona “cosa” sobre la que se puede hacer lo que venga en gana, sin importar las consecuencias de este accionar sobre el otro; la exposición continua a este tipo de trato hace estragos en la psiquis de los hijos.

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Muchos de los cuales naturalizan la intensidad y la tensión en los vínculos, presentan una profunda carencia afectiva, inseguridad y falta de confianza en sí mismos.

Crecer junto a un genitor, es crecer junto a un ser que se mueve entre tres emociones: ira, entusiasmo y frustración, y junto a la pareja del mismo (complementario) que al tener gran parte de su energía al servicio de este ser, poco resto le queda para cuidar y proteger a su prole, llegando a ser negligente, y dejando muchas de las necesidades afectivas de estos hijos sin cubrir.

Si a esto le sumamos el desconocimiento de la amplia gama de emociones que caracteriza al psicópata, como la ternura, el cariño, el aprecio, la dulzura, un mimo, una caricia, los hijos pueden presentar dificultades a la hora de entender la emocionalidad, y la afectividad que forman parte de los vínculos. Como por ejemplo, ver al padre o a la madre de un amigo comportarse con su hijo de manera afectiva, a través de una caricia, o un gesto amoroso, o en los primeros acercamientos amorosos cuando es abrazado, o se le demuestra amor, pueden tener cierta dificultad en entender estas conductas, o muchas veces, responder a las mismas con cierta desmesura, como una falta de sintonía en lo emocional.

Los hijos de un genitor crecen expuestos a la manipulación, las mentiras sistemáticas, la coerción, la actuación, y el egocentrismo de quien sea su genitor.  

El control, el poder que ejercen sobre sus hijos junto a la persuasión, y las brillantes dotes actorales de estos seres contribuyen a que los hijos no dimensionen el daño que son capaces de hacer, y de quién deben protegerse dentro de esa cultura psicopática.

Recuerdo cuando hace muchos años la hija de una genitora me compartía que de adulta se había dado cuenta, que su genitora no era la madre protectora que creía sino que sutilmente, confrontaba al padre, quien era un hombre violento, contra sus hijas, hablándole mal de las mismas, haciendo que este las golpeara físicamente, para luego intervenir como una “madre preocupada”, apaciguando el fuego que ella misma había ayudado a encender.

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El psicópata hace hacer. Si no tenemos presente el concepto de psicopatía, si no contamos con la información y el conocimiento sobre su accionar sobre los demás y sobre el entorno, no lo podemos ver.

Como en el caso mencionado, donde la genitora quedaba escondida tras un padre violento.

Es importante tener presente que los psicópatas no son unos monstruos gritones, orejudos con cuatro cuernos que podemos ver venir. Curiosamente, la mayoría de las veces, no los vemos. El trabajo que hacen tanto sobre sus hijos como sobre la complementaria no es grotesco.

Un psicópata no es alguien que grita y vocifera insultos a diestra y siniestra, que es violento y abusivo en sus relaciones, y realiza actos psicopáticos todo el tiempo. Si se comportara de esta manera sería muy fácil detectarlos, y si algo es difícil con estas personalidades es identificarlos. De ahí la importancia de saber cómo se comportan, para sospechar cuando podamos estar frente a uno.

Recordemos que como seres humanos únicos que somos no estamos hechos en serie. Sin embargo, hay cierta similitud que se puede observar.

¿El psicópata no hace una excepción con los hijos?, ¿Aman a sus hijos los psicópatas?, ¿Los hijos de un psicópata se sienten amados por este genitor?.

Estos seres se caracterizan por una marcada sobrevaloración. Se aman a sí mismos y se sienten superiores a los demás, a quienes consideran inferiores. Con sus hijos se relacionan de la misma manera. Desde la escuela Argentina de Psicopatía se define a un padre psicópata como genitor, y a la madre psicópata como genitora.

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¿Por qué el termino genitor?

El psicópata no puede ejercer la función de padre. Es incapaz de cuidar, proteger y velar desinteresadamente por el buen desarrollo de los hijos. El psicópata puede mostrarse como buen padre. Hacer el papel de padre abnegado que ama a sus hijos. Pero esta escenificación dista mucho del amor genuino y legítimo de un padre.

El psicópata puede pagarle a su hijo el colegio, los clubes y la ropa más cara, pero no desde el amor altruista de padre que desea lo mejor para su hijo, si no desde alguien que está invirtiendo en el mismo, para reprochárselo, muchas veces, más adelante. “Si no fuera por el trabajo que te di en la empresa, no serías nadie, estarías en la calle”, “No voy a pagar esa carrera que no sirve para nada, (familia con recursos económicos), apáñatelas como puedas”.

En otros casos, aún contando con los recursos económicos, la ayuda es directamente denegada, sabiendo los beneficios que la misma implicaría para su hijo.

Suelen apoyar aquellos estudios que tengan un rédito económico para ellos mismos en un futuro. Pueden ubicar a sus hijos en su empresa familiar, pero una vez más, no desde el lugar de un padre que apoya y ayuda a su hijo, si no desde quien busca tener a alguien que mire por y para él.

En las relaciones solo miran la utilidad, para qué les puede servir tal o cual persona. Trabajan para sí mismos, por eso decimos que el traje de padre o madre, les queda grande. El psicópata es un genitor.

Usan el dinero para controlar, y ejercer el poder sobre sus hijos. No quieren a nadie y esto se desplaza a los hijos también. Este tema es muy complejo, y nos excede en algún punto a todos.

Si bien racionalmente lo podemos entender, hay algo en esto de no querer ni aún a sus propios hijos que es difícil de comprender en un nivel más profundo.

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Crecer y desarrollarse en un medio ambiente cargado de una intensa tensión, sumado a la falta de afectividad del genitor, a sus comportamientos insensibles, y crueles, entre mentiras sistemáticas, descalificaciones, y humillaciones, es un entorno que no favorece el despliegue del potencial de esos hijos. Por el contrario, socava el desarrollo de una íntegra salud física y emocional. En ocasiones, llegando incluso a propiciar la aparición de enfermedades tanto físicas como mentales.

La formación de creencias acerca de lo que es estar en una relación, de cómo sentirse querido,  de cómo manejar las emociones, no están ajenas a estas primeras experiencias de vida.

Cuanto antes se salga de este entorno mejor. Y para salir es necesario darse cuenta de esta difícil y no tan frecuente realidad.

El que no sea algo muy frecuente favorece la minimización, y la negación de esta realidad. “Bueno, no será para tanto”, “Ya cambiará”, “Hay personas muy complicadas y malas”.

No es posible reconocer algo sin conocerlo antes. Solo conociendo sobre esta problemática es posible sospechar de la misma, para luego, con mucho trabajo y esfuerzo emprender el arduo camino que permita alejarse del sol negro.

Hasta el próximo posti y recuerda que salir de una cultura psicopática es difícil, pero no imposible.

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