“¿Cómo no darle vueltas al pasado de mi pareja?“
¿Qué soluciones has intentado para modificar esta situación?. En este posti te invito a reflexionar sobre estas soluciones ensayados y fallidas, decimos que son fallidas porque de lo contrario, el malestar habría desaparecido, o disminuido significativamente.
La idea es repasar lo que no funciona, para ver qué otras cosas se pueden hacer, y además tener presente que tanto el pensar excesivamente, como el no querer hacerlo voluntariamente, van a generar malestar, y dificultar seguir edificando la relación.
¿Cómo hago para no darle vueltas al mismo? ¿Es posible olvidar algo voluntariamente?.
Levante la mano quien alguna vez no quiso olvidar algo o a alguien, por consiguiente, ya sabemos la respuesta. No querer pensar en algo, ya es estar pensando en eso. Querer quitarnos algo de la mente no hace más que implantarlo en la misma. El olvido voluntario como solución intentada no funciona, forma parte del problema y lo perpetúa.
En primer lugar, debemos tener esto presente para no seguir insistiendo con algo que es ineficaz. Querer quitarme los pensamientos avasalladores sobre el pasado sexual de mi pareja es una excelente forma de empeorar la situación y generarnos sufrimiento innecesario.

¿Entonces qué hacemos? ¿Pensar nos hace sufrir, y no pensar voluntariamente al empeorar la situación también nos hace sufrir?.
Se trata de no hacerle caso al pensamiento, ni obedecerlo como si fuera una verdad sagrada. Dejar los pensamientos en pausa, no hacerles caso, no significa evitarlos ni luchar contra los mismos. Esta diferencia es crucial. ¿Por qué? porque una cosa es querer quitarme esos pensamientos por desagradables, de mi mente, curiosamente, único lugar donde pueden estar, y otra cosa es desestimarlos, dejarlos pasar, no poner la atención en los mismos.
“El arte de ser sabio es saber qué pasar por alto”. Williams James.
La idea es entrenarnos de a poquito para dejarlos en pausa, sin forcejear con lo que nos dicen, porque al pelear con ellos estoy focalizándome en los mismos, y alimentándolos.
Tengamos en cuenta que tanto la evitación de estos pensamientos, como el luchar con los mismos son soluciones ensayadas y fallidas que en vez de solucionar el problema lo eternizan.
La información recibida sobre ese pasado sexual inevitablemente se entrelaza con pensamientos, sí, con pensamientos que tu mente te propone acerca de esas prácticas sexuales, “Y si eso es lo que me ha contado, no quiero imaginarme lo que no se”, “¿Alguien tan libre sexualmente es capaz de enamorarse?”, “¿Y si lo que estamos construyendo le aburre?”, “Amor y sexo deben ir de la mano”, “¿Cómo se si ha cambiado?”, “¿Y si nuestra vida sexual no es suficiente?”.
¿Cómo puede sentirse alguien que piensa así?.

Estas creencias como cualquier otra no son una verdad absoluta. Toda creencia se puede refutar, se puede revisar, y modificar. Ojalá recordáramos preguntarnos, ¿Será así?, cada vez que el miedo, la ansiedad y sus pensamientos nos visiten.
El olvido no es negación, si no integración. Como podemos ver el olvido voluntario no es posible. El olvido, como una mariposa, se acerca cuando no intentamos tomarla con nuestras manos. Como sostiene Steven Hayes uno de los principales fundadores de la Terapia de Aceptación y Compromiso, “Cuando más peleas con la ansiedad, más grande esta se vuelve”.
¿Y si en vez de detenerme en ese pasado, me dedico a seguir edificando la relación en este presente?, ¿Será posible seguir creciendo como pareja si gran parte de la energía psíquica se invierte en ese pasado?, ¿Hasta qué punto ese pasado es pasado si mi mente lo trae al presente continuamente?.
Quizás, una buena manera de quitarle fuerza a ese pasado, consista en cambiar poco a poco, y haciendo uso de diferentes herramientas, la atención del mismo. Esto es un proceso y como tal no sucederá de la noche a la mañana, pero solo haciendo cosas diferentes podemos obtener resultados diferentes.
Si ya te encuentras en este atolladero mental, obviamente es porque ya cuentas con esa información sobre la actividad sexual de tu pareja, la idea a modo de prevención para otros casos, es recordar esto, a fin de ser cautos y muy prudentes a la hora de preguntar o interiorizarnos sobre lo que hacía nuestra pareja en su pasado.

Querer saber sobre ese pasado no es ni malo ni bueno en sí mismo. La idea es conocernos, saber cómo solemos relacionarnos con nuestros pensamientos. Si tendemos a la rumiación y, a darle vueltas a los mismos una y otra vez, la cautela puede ser una buena compañera.
La mente tiende a irse hacia adelante o hacia atrás, si algo le cuesta es quedarse en el presente, curiosamente en el único momento donde transcurre la vida. La vida es esto que nos está sucediendo en este preciso, único e irrepetible momento. Solamente en este presente puedes amar y dejarte amar por tu pareja. Solo aquí y ahora puedes hacer algo por la relación. Es en este presente desde el cual puedes seguir edificando lo que tienen.
El amor empieza a morir cuando dejamos de cuidarlo, solo en este momento, podemos ocuparnos de él.
No podemos intervenir ni en el pasado, ni en el futuro. Pero sí, podemos dejar que el pasado nos robe el presente. Tal vez, gran parte del saber vivir consista, en entrenarnos día a día para estar, para dejarnos ser en esto que está sucediendo en este preciso instante.
Si nos detenemos mucho en el pasado, el presente pasa sin que nos demos cuenta. ¿Dónde estás poniendo la atención?.
Quien busca encuentra. ¿Estoy preparado para ciertas verdades?. Cuando la verdad hace sufrir deja de ser una verdad para transformarse en una herida.
Hasta el próximo posti y recuerda que no querer pensar en algo, ya es pensar en eso.
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