Mi pareja me pidió un tiempo. ¿Las últimas horas del amor?
mayo 5, 2022
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¿Darse un tiempo para recomponer la relación, o para despedirse?

Ya sea porque nos lo han pedido, o porque nosotros mismos lo hemos sugerido, o porque lo hemos escuchado, pero a casi nadie le es ajena la frase, “necesito un tiempo”.

En este posti te invito a reflexionar  sobre “ese tiempo” que a veces una persona le pide a su pareja, y a la angustia, a la incertidumbre y al dolor que acompañan a dicho momento.

Por supuesto, que hay que tener en cuenta la singularidad de cada caso, de cada pareja, de cada relación, del momento en la vida de la pareja en el que se pide ese tiempo, y un sinfín de variables, pero en términos generales podemos decir que cuando alguien pide un tiempo es porque indudablemente no se siente bien dentro de la relación, de lo contrario, no necesitaría un tiempo para analizar nada.

Yendo un poco más lejos, también podemos decir que los desacuerdos, desencuentros, e inconvenientes que forman parte de toda relación, no son suficientes, para dudar de si seguir en la relación o no. De ser así, el pedir o darse un tiempo, sería un común denominador a toda relación sentimental. Y no lo es.

Cuando alguien pide un tiempo, en el mejor de los casos,  se está replanteando la posibilidad de seguir o no en esa relación. Y digo en el mejor de los casos, porque en muchos otros, la decisión de no querer seguir con la relación ya está tomada, es decir, las ganas de seguir construyendo la pareja ya se han marchado. ¿Y si es así, por qué no se plantea directamente la ruptura de la relación?  Como mencionábamos más arriba, esto es el caso por caso, pero sin olvidar esto, me parece importante señalar que detrás del pedido de un tiempo, es frecuente escuchar en la consulta, el miedo a equivocarse, y el miedo a dañar al otro.

Cuando estos temores cobran fuerza, el desamor pasa a un segundo lugar. Y entonces quien ya no desea seguir en esa relación, antepone, muchas veces, el no querer herir al otro diciéndole que ya no lo ama, por lo tanto, esas palabras se vuelvan impronunciables.

Y lo que sí, puede pronunciarse es el pedido de un tiempo, de un tiempo para pensar, lo que muchas veces  ya está pensado, y se calla para no dañar al otro.

Ya es sabido que al evitar hacer o decir algo, por miedo a causarle un daño a alguien, podemos generarle un daño mayor.

Todos sabemos lo doloroso que es que nos dejen de querer, o que ya no nos elijan, y no menos doloroso es dejar de querer a alguien que todavía nos quiere.

En este último caso la culpa suele hacer de las suyas, y el autocastigo aparece como el invitado principal, y se puede ver en pensamientos como estos, “¿cómo puedo hacerle esto si todavía quiere seguir conmigo?, ¿cómo voy a decirle que quiero terminar la relación con lo bien que la pasábamos juntos?, ¿qué clase de persona puede dejar de amar a alguien que todavía lo ama?”.

Como podemos ver, la creencia según la cual dejar de amar a alguien es un delito grave, empieza a cocinarse. Nuestra cultura pondera y fomenta el estar enamorado. Y así como enamorarse de alguien se da de una manera natural, e involuntaria, independientemente de cada caso, desenamorarse de alguien, responde a las mismas leyes. Nadie se levanta una mañana, y dice, “estoy aburrido, creo que me voy a desenamorar de mi pareja”.

El amor y el desamor no obedecen el cien por ciento a la voluntad. Lo cual no quita que siempre se pueda echar un poco de razón sobre los mismos.

Dejar de amar a alguien es algo muy doloroso, aún cuando la relación era un desastre y no funcionaba, duelen las ilusiones que se habían depositado, duele la muerte de ese sueño que no pudo ser, o que dejó de ser lo que era. Como todos sabemos, dejar de amar, o que nos dejen de amar es muy doloroso, pero no es un delito, ni una falta, ni un crimen, es algo que simplemente sucede.

Y cuanto más claros y honestos seamos con nosotros mismos y con nuestra pareja con respecto a lo que estamos sintiendo, menos sufrimiento le sumaremos al dolor inherente que implica el dejar de amar a alguien.

Decirle a alguien que ya no lo amamos, mirándolo a los ojos, y cuando todavía nos ama, por supuesto, que es muy difícil, pero andarse con rodeos para evitar causarle dolor, dolor que por cierto es inevitable, no lo ayuda a entrar en el proceso de duelo, crea falsas expectativas, hace más agónica la separación, e interminable la despedida de esa relación que ya desde hace tiempo tiene certificado de defunción.

Esto no quiere decir que siempre y en todos los casos, cuando se pide un tiempo, la relación necesariamente está terminada, pero como decíamos, el pedido de un tiempo, da cuentas de que la relación no está funcionando, de lo contrario, no se asume ese riesgo.

Nadie arriesga aquello que quiere seguir conservando para sí, aquello que no está dispuesto a perder, que le está funcionando, y que le es importante.

Otro punto a tener en cuenta, es que si bien algunas veces, se informa acerca de la cantidad de tiempo que se pide, y se habla de un mes, de dos o de lo que la pareja acuerde, otras veces, se habla de  “un tiempo” en abstracto, sin determinar si se está hablando de una semana, de un mes, de un año, como dejando la puerta abierta a que en algún momento y después de vaya alguien a saber cuándo, tal vez se pueda intentar un acercamiento o una reconciliación.

Y como nadie está en mejores condiciones de caer en un engaño que aquel a quien la mentira, se ajusta con su deseo, empiezan a gestarse los autoengaños del tipo, “me quiere pero está confundido”, “me quiere pero necesita aclararse”, “me quiere pero está con muchas cosas”, y otras variantes.

Paradojas del amor como el saber que los enamorados desean pasar la mayor parte del tiempo juntos, para luego, en algunos casos, no en todos por supuesto, querer todo lo contrario.

Una cosa es el espacio personal dentro de la pareja, el tiempo para cada uno, y otra cosa, es el  dejar la pareja en modo pausa, para ver qué me pasa, o nos pasa a cada uno con la relación.

Cuando alguien se encuentre necesitando un tiempo para saber qué le pasa, o no le pasa con su pareja, quizás deba descubrir si está frente a las últimas horas del amor.

Hasta el próximo posti y recuerda que si bien aceptar la ruptura de una relación es doloroso, la no aceptación de la misma prolonga el dolor aún mucho más.

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Podcast Psicología Betina A. Speroni.