Cuando la vida se hace cuesta arriba y las ganas te abandonan
febrero 3, 2020
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Aunque los momentos de adversidad saben a eternidad. No es así

Que la vida es injusta, imperfecta, a veces rara, y que nos van a pasar cosas para las cuales no hay respuestas, no es una novedad. Sin embargo, esto de ninguna manera quiere decir que la vida es una porquería.

En palabras de Ana Karenina, “Toda la diversidad, la hermosura, el encanto de la vida, se componen de luces y sombras”.

La idea de este posti es reflexionar sobre estas dos caras de nuestra existencia y pensar como podemos estar ayudando, muchas veces sin ser conscientes de ello, a que nuestra realidad sea la que es. Sin olvidar que la vida es una tragedia, debido a que hay un dolor inherente a la misma, pero no por eso deja de ser maravillosa.

La vida no es ni buena ni mala. Es una combinación de ambas

Muchos son los motivos que nos pueden hacer sentir que la vida nos pesa. Algunos de estos motivos tienen que ver con esos dolores que forman parte de la vida misma, como por ejemplo, la perdida de nuestros seres queridos. Esto es inevitable.

El espectro puede ir desde perder un trabajo, no alcanzar un sueño, una dura enfermedad, hasta la muerte de alguien muy especial. En algunos momentos nos toca estar mal, rotos, con heridas en el alma. Con el entusiasmo burlándose de nosotros.

Nada hay de malo en sentirse así. Aún cuando sea desagradable, molesto y las ganas nos hayan abandonado. Estos difíciles momentos forman parte del viaje de la vida. Es decir, son una parte del viaje. No son todo el viaje.

Y aunque los momentos de adversidad saben a eternidad, no es así. El problema es que a veces, los eternizamos nosotros.

¿Cómo podemos eternizar un momento doloroso? Una forma de eternizar un momento doloroso es resistiéndonos al mismo. Cuando le damos la espalda y pretendemos hacer que no pasa nada, estamos negando una realidad que tarde o temprano se impondrá.

Si en cambio nos permitimos sentirnos mal todo el tiempo que necesitemos, aunque el afuera nos empuje a lo contrario, estamos legitimando y aceptando lo que nos sucede. De este modo, poquito a poquito nos iremos sintiendo mejor. Date permiso para estar mal. De verdad, no es un delito. Es un derecho.

Otra forma de eternizar un momento doloroso, es quedarnos a habitar en el mismo. Hay personas que se mueren con sus muertos. ¿Qué mejor manera de homenajear a una persona a la que amamos y murió que recordarla con amor y siendo felices? ¿Cómo le gustaría a esa persona vernos hoy? ¿Cómo crees tu que le gustaría que la recuerdes?

Te invito a preguntarte, “¿Cómo puedo estar ayudando para estar como estoy?” La respuesta a esta pregunta nos puede dar una clave. ¿Por qué? Porque si alguien considera que esta como esta debido a las cosas que le suceden y a lo que los otros hacen o le hacen, en otras palabras, a los avatares de la existencia, es muy poco lo que estará dispuesto a hacer para modificar, dentro de lo posible su realidad.

Si por el contario, alguien se permite revisar la manera en la que podría estar contribuyendo a estar como esta, se abre una posibilidad de cambio, de crecimiento, y de aprendizaje.

El tema es que mirarnos a nosotros mismos y animarnos a cuestionar nuestra de manera de hacer o no las cosas, no es fácil. ¿Por qué? Porque implica asumir nuestra propia imperfección, limitaciones, desaciertos, fallas y errores.

Implica admitir que no podemos hacer todo lo que queremos ni tener la vida que queremos al cien por ciento. ¿Y entonces nos tenemos que resignar a nuestras circunstancias y conformarnos con lo que tenemos? Así planteadas las cosas, nos estamos peleando con la vida. El que se resigna dice, “Y bueno no me queda otra”. Y en esta afirmación hay un sabor amargo y un deseo de que las cosas fueran de otra manera.

El que acepta, por el contrario, abraza lo que sucede, sin anhelar otros resultados.

“La serenidad consiste en colaborar incondicionalmente con lo inevitable.”

Por otro lado, nos estamos olvidando lo que planteábamos al principio acerca de que la vida es imperfecta y que por consiguiente parte de lo que nos pase no nos va a convenir, no nos va a gustar y que esto es inevitable.

La vida es un devenir constante. Todo el tiempo nos van a suceder cosas que van a estar mas allá de nuestro control. Con las cartas que tenemos debemos armar la mejor jugada posible. Sin enfadarnos ni con los naipes, ni con la tirada.

Vivir no es otra cosa que una resolución continua de diferentes situaciones de mayor o menor complejidad. Esperar a que todo en nuestra vida cierre como un circulo es una utopía.

Cuando entendemos esto nos damos cuenta que ni la vida de los demás es tan buena como parece, o muchas veces, quieren hacer parecer, ni la nuestra tan mala, como tendemos a percibirla en momentos de desventura.

En tiempos de redes y ventanas sociales es necesario tener presente esto, (principalmente los adolescentes) para evitar caer en la trampa de creer que la felicidad consiste en hacer o tener determinadas cosas. Te dejo a ti la tarea de definir que es la felicidad y haciendo que cosas te sientes feliz.

Hay momentos en que la vida se hace cuesta arriba. Cuando sientas que las ganas te abandonaron y que la suerte se burla de ti, recuerda que todo en la vida pasa y que este momento también pasara. Transítalo. Vívelo. Acéptalo como parte de tu condición humana. De esta manera evitaras eternizarlo.

“Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca antes hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgulloso. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para cambiar de rumbo”. Anónimo

Hasta el próximo posti y recuerda que lo mejor que podemos hacer con la muerte es tratar de aprovechar la vida.

Puedes visitar mi canal de YouTube sobre duelo gestacional y perinatal

Betina Speroni YouTube